Tickling Stories

Historias de Cosquillas, basadas en hechos reales.

Cosquillas a famosas. Claudia Schiffer

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A medida que el discurso del Doctor Gregory fue escuchado por más y más personas, sucesos extraños empezaron a suceder en la Ciudad de los Ángeles.

-Claudia, hemos contratado a un nuevo asesor de moda. Es de Florida, dice que ha trabajado con los mejores. ¡Jeffrey!

La top model Claudia Schiffer se encontraba sentada frente al espejo mientras maquillaban sus rasgos perfectos. La delicada belleza alemana no pudo mover la cabeza para ver el hombre que entraba. Miró al reflejo que se colocaba detrás suyo y sonrió. Era más atractivo que los anteriores y mucho más joven.

-Encantada -dijo Claudia mientras tendía su mano pasando su exquisito y desnudo brazo por encima de la cabeza.

-Igualmente -dijo Jeffrey cogiendo su mano y no pudiendo evitar fijarse en el reflejo de la suave y depilada axila a la que tantas veces había soñado con hacer cosquillas en Kittletown.

El nuevo encargado de vestuario de Claudia cogió al maquillador del brazo y le dijo: -Es la hora del café. Déjanos solos un momento para que discutamos unas ropas. El hombre salió, dejando a Jeffrey a solas con la mujer más bella del mundo. Disfrutó de la vista mientras rodeaba la silla. Era casi una aparición, con aquel pequeño y ceñido vestido dorado. No tenía mangas, y los huecos para los brazos eran bastante amplios, permitiéndole una buena visión de sus cosquillosas axilas, incluso de las primeras costillas. Siguió recorriendo su sexy cuerpo hasta llegar a los pies, encerrados en unos elegantes y ligeros zuecos que permitían ver unos perfectos talones. Las piernas parecían suaves como la seda.

-Bueno, Jeffrey -dijo ella mirándole en el espejo-. ¿Me vas a poner guapa?

-Creo que ya es un poco tarde para eso -dijo Jeffrey con una sonrisa de mentirosillo. Entonces recordó su misión. Sacó un termo de la mochila que llevaba al hombro.

-¿Quieres un café? Siempre llevo encima -preguntó a Claudia.

-Sí, por favor.

Jeffrey se movía impulsado por la suavidad de su voz y su acento alemán. Se sentía Dios. Claudia se colocó bien el pelo mientras Jeffrey le servía el café. Ella lo bebió e hizo un gesto de aprobación. Luego le pasó la taza vacía. Él sabía que la pócima haría efecto enseguida.

Antes de que ella se diera cuenta de qué pasaba, Jeffrey había cogido sus muñecas y pasaba sus brazos sobre la cabeza. Luego las ató al respaldo de la enorme silla reclinable. Claudia se sentía eufórica e incapaz para protestar. Le parecía estar soñando a cámara lenta. De repente, era Alicia en el País de las Maravillas y había una fiesta del té.

-Fiesta del té -dijo Claudia en un susurro-. ¿Vamos a una fiesta del té?

-Sí, Claudia -susurró Jeffrey tan cerca de ella que olió su perfume, encendiendo su pasión.

-Vamos a una fiesta T. ¿Sabes por qué es fiesta T?

-No, ¿por qué? -Es una fiesta T porque T voy a hacer cosquillas. Hoy es tu turno, Claudia. Soy Mr. Hatter y sólo vivo para hacer cosquillas a chicas como tú.

Acto seguido Jeffrey puso las puntas de sus dedos en las suaves y depiladas axilas de Claudia. Había tenido cuidado de no dar una dosis excesiva a Claudia, ya que de otra manera la intensidad de las sensaciones podrían haberle sentado mal. Instantáneamente ella re revolvió tan fuerte y rió tan alto que Jeffrey pensó por un momento que iba a romper la silla.

Pataleó con sus interminables piernas, golpeando sus pies una y otra vez contra la base de la silla reclinable de maquillaje. Esto provocó que los zuecos volaran, uno detrás de otro, para aterrizar por la habitación. Claudia Schiffer se retorcía para evitar que los dedos tocaran su brazo. Aquello no eran cosquillas, ¡aquello era una tortura! Jeffrey siguió moviendo los dedos, sintiendo bajo ellos la suave piel de la top model. Se estaba poniendo a cien.

Había fantaseado miles de veces con hacer cosquillas a aquella maravillosa criatura. Claudia reía a grito pelado. Tenía una risa dulce, infantil.

-¡Por favor! -logró decir entre risas. -Mr Hatter,¡más cosquillas no! ¡¡¡¡NO LO SOPORTO!!!!.

Su cabeza iba de un lado a otro, con los ojos cerrados y el pelo alborotado. Claudia reía como loca pero Jeffrey sabía que había un punto de disfrute sexual. Sus muslos se frotaban uno con otro mientras reía sin parar. Jeffrey se colocó frente a Claudia y tocó ligeramente sus costillas salientes. La sensible belleza rubia chilló y rió cuando notó que sus sentidos escapaban ya a cualquier control. Se retorcía a izquierda y a derecha mientras él mantenía los dedos quietos. Según se retorcía hacia la izquierda, encontraba unos dedos, que le llevaban a la derecha, y vuelta a empezar.

Así que la pobre Claudia se estaba haciendo cosquillas ella misma. Soltó un grito agudísimo de desesperación y risa y después empezó a suplicar en alemán. La tensión en los órganos de Jeffrey empezaba a superar lo tolerable. Necesitaba descargar, pero temía hacer reír demasiado a Claudia. Perdido en su propia pasión, temió llevar a la pobre chica hasta el Límite, un lugar que sólo conocía a nivel experimental. Despacio, Jeffrey sacó del bolsillo una pluma rígida. Claudia estaba con los ojos cerrados, al parecer perdida en un mar de sensaciones.

Para no obtener una respuesta negativa, decidió evitar elevar el pie. En cambio, se agachó y empezó a pasar la pluma por la planta de aquel magnífico pie. El efecto fue devastador, como la explosión de un cohete al despegar. Los ojos de Claudia se abrieron como platos, mientras se retorcía y aullaba, volviendo a suplicar en alemán.

-¡¡¡LOS PIES NOOO!!! ¡¡¡¡HEE HEE HEE HEE HEE HEE NO NO NO NO NO NO HEE HEE HEE LOS PIES NOOOOO!!!!

Logró decir la pobre Claudia. Sus pies tenían unas cosquillas indescriptibles, lo que le hizo gritar tan alto que Jeffrey pensó que le iban a descubrir. De todas formas, el momento era demasiado maravilloso para parar, así que se sentó en el suelo, dispuesto a disfrutar de una buena sesión de cosquillas a la mujer más bella del mundo. Sujetó con el cinturón sus tobillos al reposapiés y reclinó un poco la silla.

Perfecto. Contempló su obra unos segundos y volvió al ataque, recorriendo de arriba abajo con la pluma aquellas plantas tan suaves. Los dedos del pie de Claudia se revolvían como locos, intentando huir de la pluma. Jeffrey se concentró en pasar la pluma lo más suavemente posible por la base de los dedos. La risa de Claudia se hizo diabólica e intentaba recriminarle entre risas, pero solo consiguió intercalar alguna palabra en alemán entre sus agudos aullidos y forcejeos.

¡Aquel cuadro era una visión celestial! Su enorme cuerpo estirándose y retorciéndose. Los largos mechones rubios que se esparcían por detrás de la silla y sobre los delicados pómulos, deformados por la risa incontrolable. Sus interminables piernas, suaves como la seda, que se retorcían elegantemente para huir de las malvadas cosquillas en los pies, provocando el roce entre los muslos que apretaban y calentaban progresivamente su zona sexual.

Enseguida, debido al movimiento, el vestido de Claudia empezó a subirse, dejando ver sus bragas. Estaban completamente mojadas. Jeffrey sabía que la fórmula perdería el efecto enseguida, pero ya estaba tan puesto que sólo le importaba no hacerle demasiadas cosquillas ni demasiado intensas. La risa de Claudia era constante y empezaba a hacerse ronca.

-¡¡Cosquillas, cosquillas!! -seguía diciendo Claudia con una vocecilla cantante cuando éste apartó definitivamente la pluma de sus pies.

-¿Me va a hacer más cosquillas, Mr Hatter? La entrepierna de Jeffrey era pura roca.

-¿Quieres que te haga cosquillas, pequeña?

-Tengo muchas entre las piernas, Mr Hatter. ¿Podrá ocuparse de ello?

-Claro, querida. No te quepa la menor duda.

 

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