Tickling Stories

Historias de Cosquillas, basadas en hechos reales.

Leyendas de coyoacán: La Que Murio de Risa (fanfiction)

En una de esas callecitas llenas de encanto que hay en el barrio de Santa Catarina, vivió a fines del siglo pasado un médico de aspecto respetable. Estaba casado con una virtuosa y hermosa mujer que tenia su casa limpia y ordenada, amaba a su marido, lo colmaba de atenciones y no vivía sino para servirlo. Todas estas cualidades de ambos cónyuges hubieran bastado para un matrimonio perfecto si no hubiera sido porque el médico era peor que Otelo, celaba a su señora hasta por cosas sin importancia.

La vida de este matrimonio era un infierno, el médico encontraba en todo motivo para acusar a su mujer de casquivana. La reñía, la insultaba y en ocasiones llego a golpearla. La mujer era hermosa, pero además de bella era honesta, jamás pasó por su mente engañar a su marido ni deshonrar su casa. Sufría con los celos de su esposo pero lo aguantaba pues estaba sola en el mundo, no tenía familia ni hijos.

Los celos atormentaban al galeno y daba por ciertas infidelidades que él imaginaba. Llegó a tanto su locura que pensó en matar a la supuesta infiel. Asesinar a su cónyuge fue su obsesión, esa idea se fijó en su mente y buscó la forma de hacerlo sin comprometerse.

Un mal día, después de una tormentosa escena de celos, tomó a su mujer, la acostó en la cama, la ató a ella y comenzó su satánica labor. Para no dejar huella había decidido matarla de risa y empezó por hacerle cosquillas en las plantas de los pies, en las axilas, en las corvas en todo lugar susceptible a la risa, con los dedos, con una brocha, con un cepillo.

El médico enloquecido, frenético, quería consumar cuanto antes su crimen y no daba reposo a su víctima; pasó largo tiempo, la mujer reía, gritaba, se convulsionaba, lloraba y el tormento seguía, hasta que por fin vino la asfixia y luego la muerte. Al los pocos días del crimen el médico desapareció, nadie supo mas de él.

Contaban los vecinos de la vieja casona que en las noches salían de ella risas de mujer, carcajadas, gritos, lloros y luego todo era silencio y quietud. Nadie volvió a habitar la casa del crimen, la gente pensaba frente a ella y rápidamente se alejaban , los niños sin saber porqué la miraban con recelo y apenas oscurecía, nadie osaba acercarse a ella pues los sonidos que de ahí salían crispaban los nervios y erizaban los cabellos. La casa fue demolida y en el solar se hizo una nueva construcción. Ya no se oyen risas, los gritos, ni los lloros, de esa queda el recuerdo.

José Luis Aguilar
Coyoacán Anecdótico y Legendario
Pág. 61, 62
México, 1988

Tomado de Internet

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