Tickling Stories

Historias de Cosquillas, basadas en hechos reales.

Mi experiencia como ticklee (parte 1)

4.2
(5)

Hola a todos, esta es mi primera publicación y espero que sea de su agrado. Actualmente soy instructora de yoga, de baile, de teatro y de danza contemporánea. Esta anécdota me sucedió hace unos meses, 4 para ser más exactos. Les confieso que jamás imaginé que ir a dictar una clase de yoga terminaría de esta manera.

Bueno me presento, mi nombre es Natalia, tengo 35 años, soy de tez blanca, cabello negro y muy cosquillosa. Desde que tengo uso de razón recuerdo tener cosquillas en cada rincón de mi cuerpo, definitivamente no hay parte de mi cuerpo donde me toquen y no sienta cosquillas. Si me tocan en la cintura, me colocan a dar saltos, las axilas ni se diga, las rodillas también soy cosquillosa, los pies ni se diga, en fin tal y como les decía, soy extremadamente cosquillosa en todos lados. Si me preguntaran cuál es la parte más cosquillosa de mi cuerpo, diría que mis pies, por lo que es una sensación muy desesperante en esa área de mi cuerpo, sin embargo, también soy demasiado cosquillosa en las axilas y en la cintura.

Bueno en fin, nos desviamos un poco de la anécdota. Coloqué un anuncio en Internet, en el portal OLX, porque necesitaba ingresos extras y debía colocar en práctica mis conocimientos y experiencia.

Pasó una semana desde que coloqué el anuncio y no recibía alguna llamada al respecto, por lo que ya empezaba a perder la esperanza un poco, hasta que por fin recibí la «llamada ganadora». Al otro lado de la línea era la voz de una mujer, la cuál me solicitaba más información al respecto para dar clases de yoga a domicilio; yo muy cordial, procedí a brindarle toda la información.

(Me dijeron que debía incluir los diálogos en las anécdotas).

Yo: aló, muy buenas tardes, en qué le puedo colaborar?

Mujer al teléfono: buenas tardes, quisiera recibir un poco de información sobre el anuncio de clases de yoga a domicilio.

Y: si claro, cómo es tu nombre?

MT: me llamo Isabel.

Y: mucho gusto Isabel, mi nombre es Natalia. Te comento lo siguiente, las clases tienen un costo de XXXXX pesos por hora, son clases teórico-práctico, es decir que primero les hago una breve explicación de los ejercicios que se harán y después se colocan en práctica cada uno de ellos.

Isabel: es necesario algún tipo de vestimenta?

Y: pues lo único que se pide es tener ropa cómoda como un short y camisilla o ropa de hacer ejercicios, puedes estar en calcetines o descalza, como tu prefieras.

I: ah listo y si las clases es a más personas en el mismo sitio?

Y: el valor es por persona.

I: me harías un descuento?

Y: cuántas personas son?

I: somos dos personas.

Y: ambas mujeres o de sexos diferentes?

I: ambas mujeres, mi compañera de apartamento y yo, nada más.

Y: esta bien, te hago un descuento por las dos, es decir, a la segunda persona te cobro a mitad de precio.

I: ah listo, y cuándo podríamos empezar?

Y: pues, cuando ustedes tengan disponibilidad.

En ese momento sentí una alegría de saber que por fin las cosas empezaban a salir como lo esperaba y que además empezaría a generar ingresos adicionales por mi conocimiento y experiencia.

I: te parece bien si empezamos esta noche, por ahí tipo 7 pm.

Y: me parece estupendo, cuánto tiempo sería? 1 hora?

I: pienso que posiblemente sean 2 horas inicialmente, después veremos si hacemos 3 horas.

Y: estupendo. Me regalas la dirección?

I: claro que si, la dirección es XXXXXXX.

Y: listo a las 7 pm estaré en tu apartamento.

I: gracias y acá te esperamos.

Y: ok.

Corté la llamada y empecé a organizar los posibles ejercicios que iba a explicarles al par de señoritas, además de preparar toda una rutina para tener en cuenta, en caso que ellas quedaran contentas con la sesión realizada ese primer día, pues yo tenía la firme convicción que me llamarían nuevamente para futuras sesiones.

A eso de las 6:20 pm salí rumbo a la dirección indicada y pues afortunadamente estaba cerca de mi lugar de residencia, por lo cual, me fui caminando y de acuerdo a la distancia, demoraría unos 20 o 30 minutos caminando. Quería llegar temprano para causar una buena impresión el primer día de clases.

Llegué faltando 10 minutos para las 7 pm, por lo cual me tomé un trago de agua y me reposé unos minutos, antes de anunciarme en el citófono del edificio, debido a que este no contaba con una portería con vigilante.

Presioné el botón correspondiente al apto 501, es un edificio de 5 pisos y por lo que pude darme cuenta, era un apartamento por piso.

Al otro lado de la línea: hola buenas noches?

Yo: si buenas noches, soy Natalia, vengo para la sesión de yoga.

Mujer: hola Natalia ya bajo.

Unos dos minutos después escuché como abrían la puerta de la calle.

Mujer: mucho gusto Natalia, soy Patricia, la compañera de apartamento de Isabel, sigue.

Yo: gracias.

Subimos las escaleras, yo iba guiada por Patricia, hasta que llegamos al apartamento, el cual era alfombrado por completo y eso me facilitaría mucho más mi trabajo en la sesión de yoga.

Patricia: ya Isabel no demora en llegar, salió un momento aquí cerca. Deseas tomarte algo? Jugo, gaseosa, agua, tinto?

Y: gracias, me acabo de tomar un poco de agua antes de tocar el timbre.

P: ah listo.

Al cabo de unos 10 minutos llegó Isabel y abrió la puerta del apartamento.

P: mira Isabel ya llegó Natalia para la sesión.

I: mucho gusto Natalia hablamos por teléfono.

Y: el gusto es mío.

I: bueno y que hacemos? empezamos?

Y: yo pienso que debemos empezar por cambiarnos para empezar la sesión.

P: listo si quieres cambiarte allá hay un baño.

Y: no tranquilas, vayan y cámbiense, yo solo me quitaré la chaqueta, los tenis y los calcetines.

Efectivamente me quité la chaqueta que traía puesta en ese momento, quedando únicamente con camisilla y también me quité los tenis con los calcetines, quedando completamente descalza con mis pies desnudos y cosquillosos. Créanme que jamás se me habría ocurrido quitarme los zapatos y los calcetines, si hubiera sabido las verdaderas intenciones de las dos mujeres que me contrataron para la sesión de yoga.

Estaba alistando todo el espacio en la sala, cuando aparecieron ambas chicas: Isabel y Patricia. Yo llevaba las uñas de mis pies pintadas de un color lila, digo esto, porque ambas mujeres se miraron a los ojos y de repente Patricia hizo un comentario sobre mis pies.

P: oye, bonito el color que tienes en las uñas de tus pies.

Y: gracias.

I: si está muy bonito.

Bueno empezamos la sesión de yoga, yo estaba en frente de Isabel y Patricia. Mientras les iba explicando como hacer cada ejercicio, cada una de ellas repetía las rutinas que yo hacía. En uno de esos ejercicios, tocaba hacer un movimiento como un arco, dándole la espalda al suelo, por esa razón, se requería la ayuda de otra persona para ayudar a levantar a la que estuviera haciendo el ejercicio, y pues para indicarles como debían hacerlo.

Yo como instructora, decidí ser quien haría el ejercicio para indicarles la correcta manera de hacerlo, mientras le solicitaba a alguna de las dos amigas (Isabel o Patricia), para que me ayudaran a levantar del suelo y quedar en forma de arco. Créanme que si hubiera sabido las intenciones de las dos amigas, jamás hubiera hecho ese ejercicio.

Cuando empecé a hacer el arco al revés, es decir, de espalda al piso, le solicité a Isabel que me ayudara a levantar del suelo, mientras que «muy amablemente» Patricia se fue justo a mis tobillos para agarrarme los pies.

Isabel me tomó por la cintura y mi reacción fue inmediata, debido a la manera en que me agarró esa parte de mi cuerpo.

Y: jajajaja… tengo cosquillas.

I: en serio?

Y: jajajaja… siii… jajajaja…

Esto hizo que Isabel me tomara más fuerte y comenzara hacerme muchas cosquillas en la cintura, mientras que yo lo único que hacía era retorcerme de la risa en el suelo.

Y: jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja… jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja…jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja…

I: veamos que tan cosquillosa eres.

Y: jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja… jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja…jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja…

No sé en que momento se pusieron de acuerdo Isabel y Patricia, que de u momento a otro, además de sentir las manos de Isabel haciéndome cosquillas en la barriga y cintura, comencé a sentir como las uñas de Patricia recorrían las plantas de mis pies de un lado a otro.

La sesión de yoga se convirtió en mi peor pesadilla, una sesión de cosquillas. Lo que para mi era una tortura, para mis verdugos era un acto de diversión.

Y: jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja… jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja…jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja… jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja… jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja… jajajaja… jajajaja… jajajaja… noooo… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja… jajajaja… paraaaa… paraaaa… jajajaja…jajajaja… jajajaja… jajajaja…

Estuvieron haciéndome cosquillas sin piedad alguna, por cerca de una hora. Tanto Patricia como Isabel, me hacían cosquillas en mi cintura y en mis pies. Debo confesar que pese a ser demasiado cosquillosa, terminé disfrutando las cosquillas.

Espero que les haya gustado la anécdota y si tiene acogida, seguiré escribiendo más seguido.

Nata

 

 

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