Tickling Stories

Historias de Cosquillas, basadas en hechos reales.

Mi experiencia como ticklee (parte 25)

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Hola a todos. Esta es mi primera vez escribiendo para este blog. Soy asesora comercial y también trabajo como modelo de protocolo en algunos eventos en la ciudad.

Soy una mujer demasiado cosquillosa. Tengo cosquillas en todos lados en mi cuerpo, sin embargo, como todas las personas, tengo unas partes mas cosquillosas que las demás y en el caso mío son las axilas y mis pies. Tengo demasiadas cosquillas en esas dos partes de mi cuerpo, hasta el punto que no soporto el más mínimo contacto en esas áreas del cuerpo.

En esta primera experiencia que voy a relatarles, me sucedió hace apenas un par de semanas. Resulta que con mi trabajo como asesora comercial, tuve que visitar un cliente para venderle un seguro de vida.

Llegué a la cita con el cliente, unos 10 minutos antes del tiempo acordado, así que toqué el timbre del edificio dónde vive el cliente en el apartamento correspondiente. Al otro lado del citófono, me preguntaron que necesitaba y me identifiqué con la persona, diciéndole que era la asesora de seguros que lo había contactado por teléfono, al cabo de un par de minutos sonó el timbre de la puerta, esto era señal que podía ingresar al edificio y subir al apartamento del cliente.

Antes de continuar, describiré un poco mi manera de vestir. Normalmente visto en vestido corto, con medias veladas y botas; sin embargo, para esta visita vine vestida con pantalón largo de lino, zapatos de tacón negros, no traje medias veladas, blusa blanca de botones, un blazer negro y un bolso negro con botones dorados. El pantalón es de largo hasta un unos 10 cms por encima de los tobillos.

Al ingresar al apartamento del cliente, su perro un labrador se acercó a mi y comenzó a olerme las piernas, justamente en el espacio que quedaba visible entre mi pantalón y mis zapatos. Esto me hizo sentir cosquillas y terminé soltando un leve risa. El cliente me preguntó que me sucedía, así que opté por decirle que el perro me hacía cosquillas con su hocico mientras me olía en esa parte de mis tobillos. El cliente amablemente quitó a su perro y las cosquillas cesaron.

Nos sentamos en la mesa del comedor, cada uno en una silla y comencé a explicarle cada uno de los documentos que le traía para que los firmara y quedara activo el seguro de vida que el cliente iba a tomar.

Durante este proceso, el perro labrador de mi cliente nuevamente volvió a mis pies y esta vez lo hizo por debajo de la mesa. Yo solo pude verlo cuando entró por debajo de la mesa y sin embargo, no supe hacia que lugar entró. Únicamente deduje que se había acercado a mis pies nuevamente, cuando sentí su hocico oliendo mis tobillos y parte de mis pies, justo en el empeine. La situación se tornó un poco desesperante, sobre todo porque el perro no se quitaba y por más que moviera el pie para quitarlo el perro volvía y se acercaba a mis pies.

De un momento a otro, no pude contener más la risa y dejé salir una carcajada, a lo que el cliente me preguntó que me sucedía y le expliqué la situación.

Yo: el perro me está haciendo cosquillas en los pies con el hocico.

Cliente: eres cosquillosa?

Yo: demasiado cosquillosa. No soporto que me toquen los pies.

Cliente: solo tienes cosquillas en los pies o también tienes cosquillas en otra parte del cuerpo.

En ese momento no me pareció extraño el comentario del cliente, así que le dije en qué partes tengo cosquillas, lo cual considero hoy en día un grave error.

Yo: tengo cosquillas en todos lados, sin embargo, los pies, las axilas y la cintura son mis puntos débiles.

Apenas terminé de decirle al cliente en que partes siento más cosquillas, estiró sus manos y comenzó a «picarme» la cintura y a apretarme las rodillas, lo cual hizo que comenzara a reír y a tratar de quitarle las manos. No pasó mucho tiempo, hasta que de un momento a otro rápidamente hincó su cuerpo, me quitó un zapato y comenzó a hacerme cosquillas en la planta del pie.

En ese momento las cosquillas se convirtieron en una tortura. Soy demasiado cosquillosa en las plantas de los pies. Comencé a reír desesperadamente a carcajadas, mientras el cliente continuaba haciéndome muchas cosquillas en la planta del pie izquierdo, pues el derecho aun continuaba con el zapato puesto, pero no por mucho tiempo. El cliente nuevamente, aprovechando el momento, me tomó el otro pie, me quitó el zapato y comenzó a hacer cosquillas en la planta del pie derecho (soy más cosquillosa en el pie derecho que en el izquierdo).

El cliente se detuvo, mientras que yo continuaba riendo, sin zapatos y algo despeinada.

Después de hacerme cosquillas por unos minutos (creo que fueron más de 10 minutos), se detuvo, no sin antes hacer comentarios sobre mi debilidad por las cosquillas. Continuamos con la forma de la póliza y al final nos despedimos.

Espero que les haya gustado.

Besos.

Nathaly

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