Tickling Stories

Historias de Cosquillas, basadas en hechos reales.

Mi experiencia como ticklee (parte 3)

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Hola a todos, este es mi primer post en el blog y espero que les guste mi anécdota. Antes de empezar quiero decirles que decidí escribir en el blog, gracias a la solicitud expresa de mi amigo CQ, el cual me enseñó a explorar un poco más el mundo de las cosquillas.

Soy una mujer madura de 52 años y extremadamente cosquillosa. La anécdota sobre la cual les voy a relatar sucedió mucho tiempo después de tener algunas sesiones de cosquillas en el consultorio de CQ y pasó de la siguiente manera.

Cierto día estaba como de costumbre viendo navegando en Internet, leyendo noticias, artículos de revistas y buscando negocios, pues resulta que soy empleada independiente y constantemente estoy verificando sitios en Internet, en busca de nuevos socios comerciales.

Bueno para no alargar tanto la historia, justo en el momento que estaba casi a punto de desconectarme de Internet, vi en la página en la que estaba revisando artículos, un anuncio que decía: «Si te consideras cosquillosa, escríbeme y gana dinero por reír mientras se te hacen cosquillas».

Mi primera reacción fue escribirle a CQ por Whatsapp para preguntarle si el anuncio era de él y su respuesta fue inmediata: «La verdad Anabella, tengo rato sin publicar un anuncio de esos en Internet, si quieres escribe y solicita más información al respecto». Eso hizo que me despertara la curiosidad y procedí a escribir al anunciante que había hecho la publicación en el portal OLX.

"Apreciado anunciante, te escribo porque estoy interesada en el anuncio que 
publicaste en el portal OLX, sin embargo, quisiera saber un poco más al respecto, 
mi correo es xxxx".

Le di «enviar» al mensaje y cerré las páginas en las que estaba navegando, apagué el computador y me empecé a alistar para ir a recoger a mi hija a la universidad.

Antes de continuar, seguramente se estarán preguntando si estoy casada y la respuesta es que soy separada hace 8 años y tengo una hija de 22 años en la Universidad y pues para los que se preguntan si mi hija es cosquillosa, la respuesta es afirmativa, pero esto lo hablaremos en otra ocasión.

Me aprestaba a montarme a mi carro, cuando recibí un correo electrónico cuyo anuncio decía: «Información sobre sesión de cosquillas». Apenas vi el título del mensaje sentí escalofríos, por el hecho de pensar en que si se concretaba todo, posiblemente estaría a merced de algún fetichista de cosquillas y quien sabe por cuanto tiempo.

Me senté dentro de mi carro y abrí el correo electrónico en mi celular, para leer completamente el mensaje:

Apreciada Anabella, que alegría ver que estés interesada en el anuncio de las 
cosquillas, pues la verdad no pensé que alguien fuera a responder tan pronto, 
sobre todo porque publiqué el anuncio hace un par de días. 
Bueno sin más preámbulos te cuento un poco sobre el tema, soy una mujer fetichista,
tengo 25 años. Actualmente estudio en la universidad. Me gusta hacer cosquillas a 
mujeres cosquillosas, creerás que es algo irónico, sobre todo porque soy mujer, pero
lo divertido del tema es ver como otra mujer se retuerse de la risa a causa de las 
cosquillas recibidas por mí. Si te interesa, escríbeme más sobre ti, por ejemplo: 
cuántos años tienes, dónde vives, tienes cosquillas, en qué parte tienes cosquillas,
cuál es tu parte más cosquillosa.
Quedo en espera de tu respuesta.
Saludos.
Andrea.

Debo decir que sentí un poco de «tranquilidad» en saber que quien sería mi verdugo era una mujer, que en teoría era como mi hija, por la edad que tenía, así que le escribí de rapidez antes de emprender la marcha  la universidad a recoger a mi hija.

Hola Andrea como estás, te cuento que soy una mujer de 52, soy extremadamente 
cosquillosa en todo mi cuerpo, no hay parte de éste en la que no tenga cosquillas.
Mi punto débil son las plantas de los pies, la cintura y las axilas, aunque si me 
preguntaras en cuál de esas me dan más cosquillas, te diría que en las plantas de los 
pies, soy hipercosquillosa en esa parte del cuerpo, no soporto el más mínimo roce.
Soy administradora de empresas (independiente). Soy separada, tengo una hija de 22 
años que también está en la universidad al igual que tu. Vivo en la ciudad de Bogotá 
al norte, en el barrio Chicó.
Quedo pendiente de tu respuesta.
Anabella.

Encendí la marcha del vehículo y salí del parqueadero del edificio, rumbo a la universidad a recoger a mi hija. En el camino a la universidad, volvió a timbrar mi celular, nuevamente un mensaje de «Andrea», el cual ignoré porque iba manejando. Llegué a la universidad donde estudia mi hija y ya estaba afuera esperando que llegara, se subió al carro, nos saludamos y emprendimos nuevamente el camino hacia nuestro apartamento.

Entramos al parqueadero, parquee el carro y procedimos a tomar el ascensor hace nuestro apartamento, mi hija entró a su cuarto a estudiar, mientras yo terminaba de preparar el almuerzo, debido a que justo ese día no había ido la señora que me ayuda con las labores del hogar. Mientras se preparaba el almuerzo me senté en la barra que está entre la cocina y el comedor a revisar los mensajes que había recibido en mi celular y encontré 2 mensajes de «Andrea», así que procedí a leerlos:

Mensaje 1:

Hola Anabella cómo estás? Me gustaría mucho poder hacerte cosquillas, sería muy 
divertido verte reír mientras te hago cosquillas en tu cuerpo. Curiosamente a mí me 
gusta mucho hacer cosquillas en los pies, además yo también soy muy cosquillosa en 
esa parte del cuerpo, quizás podríamos intercambiar roles, pero primero te haría 
cosquillas yo a ti.
Un abrazo, Andrea.

Mensaje 2:

Hola Anabella. Cómo estás? Olvidé preguntar algo en el mensaje anterior. 
Tú podrías hacer la sesión de cosquillas esta tarde?Quedo pendiente.Un abrazo, Andrea

Debo confesar que me asombró muchísimo ver esos dos mensajes, pues en el primero, ella se abrió de una vez y sin rodeos me mostró cuáles eran sus verdaderas intenciones y en el segundo mensaje, fue directo al grano y me preguntaba si podía o no participar en la sesión de cosquillas cuánto antes.

Así que yo muy amablemente, le respondí comentándole que tenía un compromiso en la tarde que apenas me desocupara de dicho compromiso le marcaba al celular para ver que podíamos cuadrar al respecto. Me fui a mi compromiso con un par de clientes de mi empresa y a eso de las 4:30 pm le marqué al celular a Andrea.

Como Andrea no me contestó el celular, le dejé un mensaje de voz: «Hola Andrea cómo estás? Hablas con Anabella, te llamo para decirte que acabo de desocuparme del compromiso que tenía, avísame si nos encontramos para la sesión de cosquillas o lo dejamos para después. Bye».

Colgué la llamada y caminé hacia el parqueadero donde estaba mi carro, pagué las 2 horas de parqueo y me monté, encendí el vehículo cuando recibí un mensaje de whatsapp por parte de Andrea: «Hola Anabella, cómo estás? Acabo de salir de la universidad, si quieres nos vemos en mi apartamento, la dirección es XXXXXX en Chapinero.»

Coloqué la dirección en el GPS del carro y me dirigí a la dirección mencionada, debo decir que debido a que ya tenía la «experiencia» de participar en sesiones de cosquillas con CQ, no sentía temor alguno por lo que fuera a pasar, más bien tenía como ansías de llegar para ver con que saldría Andrea. Unos 15 minutos después ya estaba en la dirección que Andrea me había enviado por whatsapp. Busqué un parqueadero cercano y me devolví al edificio donde estaba la dirección. Era un edificio de esos viejos del barrio Chapinero, de 4 pisos de altura y sin portería, es decir, con un tablero con 3 timbres, lo que me hacía suponer que solamente habían 3 apartamentos en el edificio. Procedí a timbrar el timbre marcado como «piso 4» y escuché una voz en el citófono: «Hola? Anabella?», a lo cual yo respondí: «Hola si soy yo», y nuevamente me contestaron: «Listo ya bajo y te abro».

Me quedé esperando a que Andrea bajara a abrir, cuando abrió la puerta una mujer joven más o menos de la edad que me había dicho por email.

Yo: Andrea?

Andrea: si, hola Anabella cómo estás? ven entra y subamos hasta el cuarto piso.

Y: ah listo.

Llegamos al último piso, la puerta del apartamento estaba abierta, entré y todo estaba perfectamente organizado y bien limpio, además estaba oliendo como a incienso que seguramente había encendido ella antes que yo llegara.

A: siéntate donde quieras.

Y: gracias.

Me senté en un sofá y empezamos a conversar un poco, quizás para romper el hielo.

A: bueno, la verdad creí que no ibas a venir.

Y: ah no, yo soy muy cumplida con los compromisos, siempre que me agendo para hacer alguna actividad cumplo con lo que digo.

A: ah bueno y qué hizo que vinieras, además de ser muy seria con tus compromisos, sobre todo si eres así de cosquillosa como me escribiste en los mensajes de esta mañana?

Y: bueno, realmente soy muy cosquillosa. Tengo cosquillas en todos lados, lo cual hace que sea algo muy incómodo para mi, por ejemplo, voy al salón de belleza a que me hagan manicure y pedicure, y es una tortura, tengo que decirle a la señora que haga fuerte lo de la lima en las plantas de los pies, porque me producen muchas cosquillas.

A: entonces eres muy cosquillosa.

Y: si, además me encantan los masajes y también me da un ataque de risa, cuando empiezan a hacérmelos porque me da cosquillas en todos lados.

A: vea pues, ya muero de ganas por comprobar que tan cosquillosa eres.

Y: bueno pues, tu dirás qué debo hacer?

A: pues nada, tengo una pregunta.

Y: si claro, dime.

A: alguna vez te han hecho cosquillas entre varias personas al mismo tiempo?

Y: cómo así?

A: lo que pasa es que tengo varias amigas a las que también les gusta hacer cosquillas igual que a mi, entonces les comenté lo que habíamos conversado entre tu y yo, y pues les pregunté si estaban interesadas y ellas dijeron que si, que no había problema. Entonces me gustaría saber que opinas? En caso que te incomode, me dices y yo las llamo para decirles que ya no vengan.

Y: cuántas son?

Yo toda inocente pregunté cuántas personas en total serían las que me harían cosquillas, pues ya entrada en gastos, qué era lo más que podía pasar.

A: con mis amigas y yo, somos 5 en total.

Y: cinco?

A: si, tienes problema con eso?

Y: pues nunca me han hecho cosquillas tantas personas al tiempo, a lo mucho 2 personas, pero 5, sería algo nuevo.

A: pues si no te incomoda, entonces les aviso que lleguen cuanto antes.

Y: están muy lejos?

A: ya en unos 5 minutos deben llegar, son amigas de la universidad que también comparten el gusto por las cosquillas igual que yo.

Y: ah ya. Bueno y por qué te gusta hacer cosquillas?

A: es algo difícil de  explicar, de pequeña siempre me ha gustado que me hagan cosquillas y pues al igual que tu, soy muy cosquillosa, sin embargo, un día decidí probar estar al otro lado, es decir, ser yo quien hiciera las cosquillas y pues me quedó gustando, hasta el punto que acondicioné una habitación aquí en mi apartamento donde hago las sesiones de cosquillas con mujeres y hombres.

Y: también le haces cosquillas a hombres?

A: si claro, no se si conoces el tema de sadomazoquismo o fetiches o bsdm?

Y: si claro. No estoy familiarizada con el tema muy a fondo pero si lo he escuchado.

A: bueno mira, ven y te muestro mientras llegan mis amigas.

Entramos a una habitación que tenía cortinas oscuras de color vino tinto, el cuarto estaba pintado también del mismo color de las cortinas, había una mesa de madera como especie de camilla con dos cepos en cada extremo de ésta, lo cual supongo que era para meter los pies y las manos; además había otra cama en forma de X con correas en los extremos y una mesa con muchos elementos de «tortura»: cepillos, pinceles, plumas, tenedores, lápices, «copitos», brochas, etc. No pude evitar sentir un pequeño escalofrío al ver todos esos elementos sobre la mesa y pensar que en unos minutos estaría siendo torturada por un grupo de mujeres fetichistas.

Salimos de la habitación y me senté nuevamente en el sofá cuándo llegaron las amigas de Andrea. Sonó el timbre, ella se asomó por la ventana del apartamento y les tiró las llaves; al cabo de unos minutos tocaron la puerta. Andrea se levantó y abrió la puerta. Entraron las amigas y una a una me las fue presentando. Todas eran mujeres jóvenes entre los 22 y los 26 años.

Ya entrada en gastos, era casi imposible salir de ese apartamento, rodeada de todas esas mujeres fetichistas con ganas de hacerle cosquillas a alguien, y muy seguramente ese alguien sería yo.

Y: ok y qué debo hacer entonces?

A: ven conmigo a la habitación que te mostré ahorita, para que te alistes.

Entramos a la habitación y Andrea muy amablemente me pidió que me quitara las botas y los calcetines, además de mi chaqueta y el buzo que llevaba bajo la chaqueta, quedando únicamente en una camiseta manga sisa blanca que siempre uso encima de mi brasier.

Y: listo y ahora?

A: ven acuéstate aquí en esta cama.

Justo me pidió que me acostara en la cama que era en forma de X.

Y: boca arriba o boca abajo?

A: creo que sería mejor boca abajo.

Me acosté boca abajo, mientras que Andrea empezaba a amarrarme los tobillos, las muñecas y además me colocó una correa en la cintura para que no me cayera de la cama, por le movimiento que muy seguramente iba a hacer mientras me hicieran cosquillas. Una vez estuve completamente atada de pies y manos en la cama en forma de X, Andrea hizo un comentario sobre mis pies antes pedir a sus amigas que entraran a la habitación.

A: tienes bonitos pies.

Y: gracias.

A: ya quiero cosquillearlos para ver que tan sensibles son.

Y: jejeje.

Abrió la puerta de la habitación y llamó a sus amigas.

A: chicas, ya pueden seguir!!

Mientras yo estaba acostada boca abajo, pensando en lo que me venía para encima, empecé a escucharlas a todas diciendo que parte del cuerpo le gustaría cosquillear y empecé a sentir escalofríos. Lo único que recuerdo antes de empezar a sentir cosquillas por todo mi cuerpo, fue a Andrea decir: «Yo me pido hacerle cosquillas en los pies, las demás pueden hacerle cosquillas donde quieran». Y una tal Jéssica le dijo a Andrea: «Yo también le hago cosquillas en los pies al igual que tú».

Y empezó la tortura de cosquillas, lo primero que sentí fue muchos dedos «escarbando» mis axilas, mis costillas, mi cintura, mi cuello, mis nalgas (pese a tener mi pantalón puesto), mis piernas. Era un movimiento rápido de dedos apretando cada una de esas partes que les mencionaba con anterioridad, además del típico movimiento de uñas. Todo eso hizo que estallara en risas a carcajadas.

Y: jajajajaja… jajajajajaja… jajajaja… jejejeje… jajajajaja…. hahahahaha…. jajajajaja… hehehehe… jajajaja… hahahaha… jajajajaj… hehehehe… hahahaha… jejeje… jajajaja… jajajajaja… jajajajajaja… jajajaja… jejejeje… jajajajaja…. hahahahaha…. jajajajaja… hehehehe… jajajaja… hahahaha… jajajajaj… hehehehe… hahahaha… jejeje… jajajaja… jajajajaja… jajajajajaja… jajajaja… jejejeje… jajajajaja…. hahahahaha…. jajajajaja… hehehehe… jajajaja… hahahaha… jajajajaj… hehehehe… hahahaha… jejeje… jajajaja…

Creo que mis risas se escuchaban hasta la calle, por las cosquillas que estaba recibiendo, era lo que recordaba, porque con esa cantidad de cosquillas recibidas, lo único que recuerdo es risas y risas. Creo que el cerebro se le bloquea a uno y no sabe que pensar, además es muy difícil hacerlo, mientras que estas siendo «torturada» y más con cosquillas en diferentes partes de tu cuerpo por muchas personas al tiempo. Sin embargo, eso no era lo peor.

La peor parte de todas llegó cuando Andrea y Jéssica empezaron cada una a hacerme cosquillas en los pies, ambas empezaron a explorar cada rincón de mis pies, con sus uñas y los demás implementos que habían sobre la mesa. Todo esto hizo que obviamente mi risa se transformara en alaridos y gritos, mezclados con carjadas.

Y: jajajajajaja… hahahahahaha… hahahahahaha… hahahahaha… jajajajajaja… hahahahaha… jajajaja… jajajajaja… jajajaja… jajajajajaja… hahahahahaha… hahahahahaha… hahahahaha… jajajajajaja… hahahahaha… jajajaja… jajajajaja… jajajaja… jajajajajaja… hahahahahaha… hahahahahaha… hahahahaha… jajajajajaja… hahahahaha… jajajaja… jajajajaja… jajajaja… jajajajajaja… hahahahahaha… hahahahahaha… hahahahaha… jajajajajaja…

Estaba apunto de desmayarme y creo que lo hice, sin embargo, esto no impidió que dejaran de hacerme cosquillas en todos lados. Movía mi cabeza de un lado a otro quedando completamente despeinada, mis manos se movían sin sentido, además me movía de un lado a otro, lo poco que podía hacerlo, debido a que estaba atada de pies y manos y además con una correa en la cintura, también lo poco que podía, movía mis pies y los dedos de mis pies, quizás como reflejo o quizás intentando evitar las cosquillas, pero todo esos esfuerzos eran en vano. Lo único que podía hacer era reír y reír, no me salía otra palabra o frase de mi boca, ni siquiera me salían súplicas.

Y: jajajajajaja… hahahahahaha… hahahahahaha… hahahahaha… jajajajajaja… hahahahaha… jajajaja… jajajajaja… jajajaja… jajajajajaja… hahahahahaha… hahahahahaha… hahahahaha… jajajajajaja… hahahahaha… jajajaja… jajajajaja… jajajaja… jajajajajaja… hahahahahaha… hahahahahaha… hahahahaha… jajajajajaja… hahahahaha… jajajaja… jajajajaja… jajajaja… jajajajajaja… hahahahahaha… hahahahahaha… hahahahaha… jajajajajaja…

Les confieso que no tenía idea cuánto tiempo me estaban haciendo cosquillas Andrea y sus amigas, lo único que recuerdo fue que al terminar la sesión, Andrea le dijo a sus amigas que se retiraran de la habitación y éstas le hicieron caso sin ninguna objeción.

Para mi desgracia, Andrea aún quería hacerme cosquillas por un tiempo más y eso fue lo que hizo, me empezó a hace cosquillas en las axilas, costillas, cintura, cuello, piernas, nalgas y pies, la sensación se tornó desesperante, sobre todo después de haber sido «torturada» por 5 mujeres al mismo tiempo. Después de según ella unos 20 minutos más de cosquillas, por fin se detuvo, procedió a liberarme de las correas y me ayudó a levantar de la cama en forma de X. Me coloqué mis calcetines, las botas, mi saco y mi chaqueta; me maquillé un poco y me peiné nuevamente, porque no podía llegar a mi apartamento y que mi hija me viera la cara toda «desordenada» y despeinada, y empezara a hacer preguntas de dónde estaba y que estaba haciendo.

Andrea me dio a beber un poco de jugo de manzana y tomé además un poco de aire antes de retirarme a mi lugar de residencia. Ya eran las 8 de la noche y al revisar mi celular, pude darme cuenta que tenía muchas llamadas perdidas y mensajes en whatsapp de mi hija, preguntándome dónde estaba porque necesitaba hablar algo conmigo.

Le pedí a Andrea que me acompañara a la puerta para salir e irme a mi lugar de residencia. Al llegar a la puerta, Andrea abrió y se despidió de mi, no sin antes decirme: «Fue una sesión muy agradable, me gustaría repetirla, pero sólo tu y yo». Mi respuesta fue: «Tu tienes mi número de teléfono, escríbeme o llámame».

Me dirigí al parqueadero donde estaba mi carro, pagué la tarifa de parqueo y tomé rumbo a mi apartamento; al llegar mi hija me saludó y me preguntó cómo me había ido y si las cosas habían salido bien; mi respuesta fue: «todo salió de maravilla hija. Ya comiste?». Me contestó que no y que estaba esperándome para comer, nos sentamos en el comedor y cenamos mientras conversábamos de nuestro día.

No le conté a mi hija sobre la sesión de cosquillas, quizás porque espero algún día poder llevarla a una sesión, sea con CQ o con Andrea.

Besos.

Anabella

 

 

 

 

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