Tickling Stories

Historias de Cosquillas, basadas en hechos reales.

The Serial Tickler – Capítulo 1 (M/F, Feet)

Martes, 3 de abril

Angelique, de 17 años, en su último año de instituto, camina apresuradamente por la calle, entre todos los transeúntes. Es una joven pequeña y delgada de aproximadamente 1m60, morena, con un corte de pelo bobo, su cabello llega hasta los hombros, tiene ojos marrones pequeños, un pequeño y discreto piercing en la fosa nasal izquierda, piel pálida, vestida con un abrigo largo con capucha, lleva vaqueros y converse negras, lleva la talla 36. Mira al suelo y parece estar inmersa en sus pensamientos, en la lluvia. Recorre varias calles a velocidad constante y finalmente llega a la comisaría.

Al entrar, se dirige al primer oficial que encuentra, diciéndole tímidamente:

«Buenos días, oficial.
-Buenos días señorita… – Se dio cuenta del estado en que se encontraba la chica – Espera aquí, te traeré una toalla…

Se va durante unos minutos, la chica no se mueve, mira a su alrededor, apenas dos minutos después, el agente vuelve con una pequeña toalla:

-Aquí tienes.
-Gracias… – Responde, empezando a limpiarse la cara.
-Aquí estás, si no lo hubieras pasado mal. Entonces, ¿qué puedo hacer por ti?
-Sería para hacer una declaración -dijo, recuperando el aire serio de su llegada-.
-Ah, ya veo, por desgracia, hay mucha gente hoy, le pediré que espere su turno… – Pensó por un momento, mirando alrededor de la habitación antes de volverse hacia la chica – Sin indiscreción, ¿es esto una emergencia absoluta? Si es así, puedo ponerte en primer lugar.
-No… Puedo esperar, gracias… »

Angelique se va a sentar junto a otras personas, todas ellas parecen enfadadas, tristes o tranquilas, pero de esos rostros no emana ninguna sonrisa. Angelique se pregunta si hace bien en venir aquí.

Una hora más tarde, cuando la sala seguía llena y el olor a café se hacía cada vez más presente, le tocó a Angelique venir a dar el objeto de su queja. Entró en un despacho, siguiendo las indicaciones del agente que la había acogido, en el que la esperaba un joven policía, que tenía la cabeza gacha, y parecía borracho de su jornada, apenas intentaba adoptar una voz cálida, dijo de todos modos entre dos suspiros, después de haber observado rápidamente a la joven:

«-Buenas noches señorita, soy el agente Rousseau, discúlpenos por la espera. Hoy está lleno de gente. Por favor, siéntate.
-No es grave -respondió ella, tomando asiento-.
-Bueno -dijo-. – Abrió una nueva página en blanco en su ordenador, Angelique le dejó hacer, pensando en lo que iba a decir. Tomó un sorbo de café, estiró los brazos y se crujió los nudillos antes de continuar – No perdamos tiempo, todavía hay gente detrás. ¿Me pueden dar sus nombres y apellidos?
-Me llamo Angelique Laëticia Vallet.
-Muy bien -Empezó a teclear sin mirar a la chica- ¿Puedo saber el objeto de su queja?
-Bueno… – Después de un largo suspiro, dijo de repente estas palabras – Estoy aquí porque me han secuestrado…
-Ah… – Estiró la cabeza junto a su pantalla, y la miró con un repentino interés, aquello era probablemente lo más emocionante que había escuchado en todo el día, se tomó unos segundos antes de añadir – Parece que hablas de ello sin ningún problema, ¿ha pasado mucho tiempo?
-No… – El nerviosismo empezaba a notarse en los movimientos de la chica, que cruzaba y descruzaba las piernas, y hacía lo mismo con los dedos – Una semana…
-¡Bien! – Una sonrisa apareció en su rostro, le pareció de pronto que su día no era tan aburrido, y la forma en que Angelique lo anunció se salió de lo común, pues casi sin pudor, no pudo evitar felicitarla – ¡Si me permite decirlo, señorita Vallet, me parece usted de una resistencia psicológica asombrosa! ¿Te ha seguido un psicólogo?
-No -respondió ella con frialdad.
-¡Increíble! – Dijo con gran entusiasmo – ¡Nunca he visto a nadie reaccionar así! – De repente, se levantó, notando que la chica no parecía tranquila por todo aquello – Pero perdona, vamos a empezar de nuevo. ¿Cuánto duró este secuestro?

-… – No movió los labios, obviamente era una de las preguntas que temía. El agente Rousseau le dirigió entonces una mirada más comprensiva y se inclinó un poco hacia delante.
-Vamos, estamos aquí para ayudarte. Encontraremos a este criminal, se lo prometo. Pero necesito tener todos los detalles para hacerlo bien.
-Sí, lo sé… Pero yo… Me temo que no me tomarás en serio…
-No te preocupes -respondió, aunque sorprendido por las dudas de la chica-, el secuestro es un delito, no necesito más para tomarte en serio, si es una denuncia real, claro.
-¡Claro que es una queja real! – Levantó la mirada de repente, y parecía más agresiva, sus ojos estaban húmedos, parecía estar al borde de las lágrimas, luego se recuperó rápidamente, antes de volver a bajar los ojos y decir casi inaudiblemente – … Estuve recluida una tarde…
-¿Una tarde? – Se enfrentó al joven, que evidentemente tenía un oído agudo – Pero, perdona esta pregunta directa de antemano, ¿hubo tocamientos sexuales?
-… No.
-¿Te han fotografiado desnudo?
-… No.
-Entonces, ¿qué te han hecho? – Rousseau se hundió en su asiento, impaciente por saber la respuesta que iba a dar Angelique, pero manteniendo un aire preocupado y compasivo. Estaba pendiente de sus labios, esperando que reanudaran sus movimientos.
-… Estaba atado a una mesa, con los brazos y las piernas estiradas…
-¿Si? Adelante, no tengas miedo, cuéntame todo. – El suspenso era creciente e insoportable para el joven agente.

Angelique tenía los brazos cruzados y apretados, sus piernas formaban un ángulo recto y también estaban pegadas. La joven estaba como helada, a pesar de la capucha que llevaba al llegar y de que había podido limpiarse, parecía estar en una corriente de aire. Matthew la calmó, dejó que se tomara su tiempo, escribió unas cuantas notas más en el teclado, luego la miró de nuevo y le ofreció:

-¿Quieres un café?
-… No, gracias – Su tono no había cambiado en toda la conversación, hablaba en voz baja y parecía responder con frialdad, Matthew sabía que esa no era su intención y no se lo echó en cara, actuó como si ella respondiera normalmente:
-¿Algo más? ¿Un té, un refresco?
-No, estoy bien… – Mientras él buscaba sus palabras para consolarla, ella todavía consiguió añadir muy rápidamente, en un solo suspiro – Mis ojos estaban cubiertos con un pañuelo, no podía ver nada… No podía ver la habitación en la que estaba, pero él estaba allí, y él… »

Fue entonces cuando el agente Rousseau le interrumpió:

«-¡Para! Calma, empecemos por el principio, ¿vale? ¿Cuándo ocurrió? ¿Y dónde? – Un nuevo tiempo de silencio invadió el despacho, entonces ella levantó la cabeza, mirando al agente directamente a los ojos, y declaró:
-Sucedió el sábado pasado… Estaba en la ciudad, hacía buen tiempo y estaba dando un paseo tranquilo. Estaba en la ciudad, hacía un buen día, caminaba tranquilamente, y pasé por un callejón desierto, que suelo utilizar. Fue entonces cuando alguien me agarró… No pude hacer nada, me levantó y me metió en una furgoneta. Una de sus manos estaba sobre mi boca, su otro brazo estaba alrededor de mi estómago. Un cómplice le esperaba en la parte trasera de la furgoneta, me pusieron una venda en los ojos y la boca, y luego me esposaron las muñecas y los tobillos. Entonces uno de ellos tomó el volante. El otro me cloroformó, no sé cuánto duró el viaje… Cuando me desperté, estaba en la mesa de la que te hablé, con los brazos y las piernas estirados…
-Bien, de momento lo he anotado todo -Se concentró de nuevo en su pantalla, mientras Angelique seguía mirándole -¿Y luego?
-Y entonces… – El nerviosismo se apoderó de la joven, sus piernas volvieron a sacudirse, bajó la cabeza durante unos segundos y luego volvió a levantarla… Bueno, sentí que me quitaban las sandalias.
-… Bien… – El entusiasmo de Matthew parecía irse a medida que avanzaba la historia, parecía dirigirse cada vez más hacia el sinsentido, con una mirada desdeñosa, añadió de todos modos – Tómate tu tiempo, pero debo admitir que estoy muy intrigado.

-Lo sé… – Ella también parecía desilusionada al decir esto, pero aún parecía confiada y continuó su relato con más serenidad que hasta ahora – Así que me descalzaron. Y uno de ellos empezó a lamerme los pies… Podía sentir su lengua recorriendo la longitud de mis suelas, desde el talón hasta los pies. Empezó a ir de un lado a otro. No podía hacer nada, algo, como una cuerda, me mantenía unidos los dos dedos gordos del pie, y esa misma cuerda estaba unida a una cosa de madera, tal vez un… una camisa de fuerza, creo.
-… Sí, tal vez -aunque continuando con su toma de notas, grandes dudas empezaban a asomar en la mente del joven, pero fingió como si nada hubiera pasado al principio-, vale, te llevaron a lamerte los pies… ¿Y después?
-No sé cuánto tiempo duró -No parecía prestar atención a las reacciones que pudiera suscitar este relato, ahora se conformaba con contarlo y esperar a que su interlocutor asintiera para continuar -No sé qué hacía el otro durante ese tiempo… No sé qué hacía el otro durante ese tiempo… Pero fue entonces cuando sentí los dedos de mi captor deslizándose por las plantas de mis pies… – Matthew dejó de notar de repente, no se movía, sus ojos seguían concentrados en el monitor, no hacía más ruido, absorto en la declaración de Angelique – Tengo muchas cosquillas, así que me sorprendí y empecé a reír. Pero, la mordaza hizo que mi risa se apagara. Al parecer, le gustaba que yo fuera sensible, así que empezó a hacerme cosquillas con sus diez dedos, que se paseaban por debajo de mis pies sin que yo pudiera moverlos ni un poco… Odio las cosquillas, no podía soportarlo más… Se me llenaron los ojos de lágrimas, me reí como nunca lo había hecho en mi vida. Parecía durar horas…
-Sí, lo hizo. Así que, perdona, estoy anotando – Tras unos segundos en los que sólo se oía el sonido de los dedos de la agente escribiendo en el teclado, la miró con desconfianza – No puedo evitar pensar que es la primera vez que oigo eso, y que me suena tan falso que, o bien es una mierda lo que me estás contando, o bien es verdad, pero sigue siendo una mierda.

La reacción de la chica no se hizo esperar, su mirada rozaba el enfado, levantó la voz por primera vez:

-… ¡Ya lo sé! ¿Pero de verdad crees que no tengo otra cosa que hacer en mis días que venir a inventar una historia en la comisaría?
-No, en efecto -Estoicamente, Matthew trató de aliviar la tensión para no sentirse demasiado avergonzado, trató -Aunque, los jóvenes, hoy en día… – Antes de reponerse rápidamente al observar la mirada de la chica cuando dijo eso – De todos modos, ponte en mi lugar, ¿vale? No puedo aceptar una historia así… Original.
-Escucha- Conteniendo su ira como pudo, contestó en tono decidido- ¡He venido a que arresten a los cabrones que me hicieron esto! Así que sí, ¡sólo hay cosquillas bajo los pies! ¡Pero yo estaba secuestrado! Así que, aunque lo que me hicieron después no sea condenable por la ley, ¡por favor, al menos hagan algo con el secuestro!
-Está bien, estoy de acuerdo, vamos a calmarnos. ¿Seguro que no quieres algo para beber o picar?
-¡No!
-De acuerdo, quédate aquí un par de minutos, volveré con un café. »

Salió para rellenar su taza, pero también para dar tiempo a la chica a calmarse por sí misma, y para pensar qué decir cuando volviera. Volvió en silencio, todavía mezclando el azúcar en su dosis de cafeína:

-Escucha, quiero tomarte en serio hasta el final. Para ser honesto, las cosquillas son un acto de tortura en este caso, pero me preocupa mucho que su caso sea desechado si hablamos de la naturaleza de la tortura, ¿entiende?
-Sí, oficial…
-Entonces quedémonos con la parte interesante, ¿vale?
-… Muy bien, entonces. – Aunque menos convencida que hace unos minutos, retomó con calma la parte del secuestro – Bueno, me volvieron a meter en la furgoneta después de volver a cloroformarme. Cuando me desperté, oí cómo se alejaba la furgoneta, todavía tenía los ojos vendados. Tenía mis sandalias en los pies, y estaba en el callejón donde me habían llevado…
-Está bien, está bien, está bien. ¿De qué hora se trata?
-Alrededor de las 6:30.
-Bien, ¿y a qué hora te tomaron?
-Diría que fue alrededor de las 2:00.

-Haré una nota… También me gustaría saber en qué callejón tuvo lugar.
-Es un callejón en el centro de la ciudad. Junto al gran centro comercial. Se reconoce por las puertas tapiadas con tablones de madera clavados en cada casa.
-Ah, creo que sé qué callejón es. De hecho, nunca he visto a nadie allí, ni siquiera a los okupas… Y entonces te llevaron y te pusieron de nuevo allí y nadie vio nada. Creo que podemos concluir que tus secuestradores estaban esperando una víctima adecuada, o tú en particular. Angelique, ¿puedo tutearte?
-Si lo desea, Sr. Rousseau.
-Está bien, sé educado conmigo también entonces, mi nombre es Matthew. Escucha, el hecho de que no escriba lo que te han hecho no significa que no cuente si nos pillan, ¿vale?
-Sí. Estaba recuperando su confianza. Gracias. -Escucha, vamos a continuar con esto…
-Mira, vamos a demandar a estos tipos, pero no por cosquillas indebidas, sólo por detención ilegal. Así que cuando vayan a juicio, te aconsejo que no menciones ese detalle al jurado.
-… Muy bien.
-No te preocupes. Te daré tu número de teléfono por si surge algo más o te necesitamos. Mientras tanto, evita este callejón – Sonrió amistosamente a la chica, que le devolvió una tímida sonrisa.
-No te preocupes. Gracias de nuevo, Matthew. Que tenga un buen día.
-Tú también. »

Angelique se levantó y salió del despacho, seguida por el agente Rousseau, antes de salir de la comisaría, bajo la lluvia.

Continuara…

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