Tickling Stories

Historias de Cosquillas, basadas en hechos reales.

The Serial Tickler – Capítulo 5 (M/F, Feet)

Hugo es un adolescente como cualquier otro, un estudiante de último año en el instituto Albert Einstein. Es un hombre joven con el pelo negro, medio largo y despeinado. Lleva unas gafas discretas, tiene un poco de descaro, pero tiene una figura delgada. Es un estudiante inteligente y diligente, que repitió una clase en el instituto, en una época en la que no quería aprender, cuando prefería divertirse. El segundo más joven de cuatro hijos, nunca ha sido un problema para sus padres, y se lleva bien con su hermano y su hermana mayores, así como con su hermana menor Alice, de 14 años, que aún está en noveno curso. Son los últimos que quedan en casa. Hugo es muy protector con ella y no duda en ayudarla cuando lo necesita. Ha desarrollado un cierto sentido de la justicia, y nunca dejará a alguien débil, o a una chica, en peligro. En el colegio tiene cierta fama de soñador y de ser un tipo que va a todas partes sin llamar la atención. Tímido, socialmente ansioso, nunca se ha metido en una pelea y trata de no enemistarse con nadie. Sale de fiesta de vez en cuando, y no duda en beber un poco, pero nunca demasiado cuando conduce. Su fetiche se remonta a su primera infancia, cuando la visión de una chica descalza le perturbaba mentalmente. Y físicamente. Pero nunca nadie le prestó atención. Más tarde descubrió que le gustaba. Mientras que de niño sólo soñaba con hacer cosquillas en los pies de una chica, esto evolucionó hacia el deseo de pasar su lengua por encima, y tal vez… Bueno, ya sabes lo que quiero decir. Pero nunca abusaría de una chica. Para él, los violadores y pederastas son los seres más despreciables que pueden existir, no merecen vivir. Su fetichismo crece más o menos de un día para otro. Puede ignorar por completo a una chica en bailarinas, o mirarla implacablemente hasta que salga de su campo de visión. Se considera a sí mismo como un loco, por su afición a los pies de las mujeres, pero también sabe que mientras se controle, podrá vivir en paz, y quizás satisfacer sus deseos con sus amigos, y con la persona que ama…

Lunes 9 de abril

Hugo llega a la escuela. Se tomó el tiempo de saludar a todos los conocidos, y fue entonces cuando vio a Angelique, vestida ligeramente con un sencillo top blanco, vaqueros y sandalias. Éste se acercó y le besó para su gran sorpresa:

«Hola Hugo…

El joven tenía un aire interloqué, Angelique lo miró con ojos acusadores:

-Aquí… ¿Ahora me hablas de nuevo?
-Sí…
-… Sí… – De acuerdo… – Tomó una mirada relajada, en una respiración profunda – Entonces, ¿cómo estás?
-Estoy bien… Disculpen, tengo que ir a mi habitación, pero hablaremos más tarde, ¿de acuerdo? ¿Qué haces del 1 al 2? No tengo clase.
-No voy a hacer nada. ¿Quieres que nos encontremos?

Angelique movió uno de sus pies, lo que la hizo parecer avergonzada, Hugo no pudo evitar mirar de reojo los pies de la chica, que continuó:

-Si quieres, por supuesto…
-Sí, ¿por qué no? ¿En el patio inferior? Si no llueve para entonces, cogeremos un banco libre.
-Funciona, hasta luego. »

Se separaron. Hugo la vio alejarse y se quedó mirando sus pies, sus tacones se desprendían un poco de las sandalias al levantarlos, sonrió y se fue a reunir con sus amigos más cercanos: Hervé, Lilian, Hou-Chi y Mickaël. Cada uno está en una clase diferente. Cuando sonó el timbre de las 8, cada uno fue a su clase por su cuenta.

Cuando sonó el timbre de la 1, Hugo llegó al patio inferior, donde Angelique ya le esperaba, sentada en un banco de madera, a la sombra de uno de los dos árboles que lo rodeaban. Hugo sonrió al ver que ella no había dado un paso en falso con él, puso su bolsa en el asfalto mientras se sentaba a su lado:

«- Re – dijo con voz alegre
-Replicó mientras miraba sus piernas estiradas en el aire, sus pies formando un ángulo recto con el resto, antes de doblarlas hacia atrás para sentarse normalmente.
-Así que… ¿Qué pasa?

Pensó en sus palabras, fingiendo tomar la leve brisa que soplaba en su rostro:

-Nada especial. ¿Cómo van tus clases?
-Bien, sí. ¿Y el tuyo?
-También están bien. Pero no puedo esperar a nuestras vacaciones. En dos semanas, ¿verdad?
-Sí, eso es en dos semanas. ¿Qué vas a hacer en vacaciones?
-No tengo ningún plan… ¿Y tú?
-Lo mismo. Voy a ver a un par de compañeros, a salir de fiesta, nada especial.
-Veré a un par de compañeros, iré a un club, nada especial.

Hugo miró los pies de Angelique, que estaban apoyados en el suelo. Tenía barniz transparente en cada dedo del pie, lo que daba un reflejo atractivo para la adolescente. Pensó durante dos segundos antes de decir, con la cabeza todavía baja:

-Se adapta a ti, las sandalias …

Ella también se miró los pies y separó los dedos, antes de apretarlos, y luego respondió con una sonrisa:

-Gracias. Los compré hace un mes.

Rápidamente contestó con una sonrisa:

-Lo conozco bien…

Angelique dejó de moverse durante unos segundos. Ella empezaba a pensar que si él lo sabía, era quizás porque ya había tenido la oportunidad de quitárselo, continuó su frase:

-… Sé que desde que me cruzo contigo a menudo, aunque me ignoras, no he podido evitar mirar tus pies, bueno sospechas supongo. »

Empezaba a sentirse incómoda. Llevaba meses ignorando a Hugo. Pero ella conocía su fetiche y nunca había tenido problemas con él. Sólo que ella no podía estar segura de lo que decía. Intentaba averiguar qué decir para tratar de inmovilizarlo o limpiar su nombre. No estaba prestando atención, absorto como estaba en los pies de su antiguo amigo. Fue entonces cuando Lilian pasó por el banco y se dirigió a Hugo:

«-¡Hey hombre! ¿Puedes venir dos segundos, por favor? Necesito hablar contigo.

Hugo se levantó y giró la cabeza hacia Angelique, todavía pensativo:

-Vuelvo enseguida, no te muevas. »

El viento se levantó un poco, la chica vio a Hugo alejarse, y pensó. Se miró los pies, tratando de encontrar una manera de usarlos. Hugo y Lilian estaban de pie a unos veinte metros. El amigo del joven adoptó una actitud seria y comenzó la discusión:

«-¿Has vuelto a hablar con ella?

Hugo le miró con una sonrisa en la cara:

-Imagina que fue ella quien se acercó a mí esta mañana. Antes era muy buena amiga de ella, así que me alegro de que vuelva a hablarme, estaba enfadada conmigo por una gilipollez, pero no tenía nada contra ella.

Lilian puso entonces sus manos sobre los hombros de Hugo:

-Hombre, no sé mucho de esa chica, pero francamente, no te molestes con ella.
-¿De qué estás hablando?
-Sabes muy bien.
.
Se miraron fijamente durante unos segundos, Hugo continuó con una nueva expresión más seria en su rostro:

-No te preocupes, Lilian, puedo manejarlo.
-Espero que sí, hombre. Bueno, te dejo, voy a reunirme con Julie.

Lilian volvió a tomar el camino, añadió Hugo:

-Salúdala de mi parte.
-Lo haré. Pero en el peor de los casos puedes decírselo en el recreo, seguro que estará conmigo.
-Funciona. »

Hugo se giró para ir al banco, y vio con los ojos muy abiertos que Angelique había dejado sus sandalias, que permanecían en el suelo, y había puesto los pies en el banco, estaba acurrucada y se sujetaba las rodillas. Se sentó tranquilamente. Y reanudó la discusión como si no hubiera pasado nada:

«-Entonces, ¿todavía estás bien?
-Sí, gracias.

Hugo miró los pies descalzos de Angelique y se fijó en las marcas dejadas por las sandalias:

-Su piel se marca fácilmente.
-Sí, especialmente cuando me bronceo. De nuevo, está bien. Pero es feo, ¿no?

Hugo miró a su alrededor, el patio inferior tiene acceso directo al aparcamiento y unas escaleras llevan al patio superior que es mucho más grande, a diferencia de éste, pasa poca gente y cuando el banco está ocupado, pocos se paran allí. El banco no es visible para los que están en el patio superior, ya que está arrinconado contra una gran pared blanca, cuya única forma de llegar a la parte superior es la mencionada escalera. Como no había ningún gato, puso la mano en uno de los pies de Angelique y dijo con una sonrisa:

-¿Déjame ver eso?

Echó una mirada reservada:

-No sé, si alguien viene…
-Pero no, nunca hay nadie aquí. No te preocupes, si viene alguien, te soltaré los pies enseguida, no quiero que todo el mundo me vea tocando tus pies, eso sería el fin de mi secreto.

Ella asintió y se giró para poner sus dos pies sobre los muslos de Hugo, quien, aunque sorprendido, aceptó con gusto el regalo que así se le ofrecía. La chica, por su parte, se acostó. Comenzó a acariciar la parte superior de sus pequeños pies talla 36. Ella le dejó disfrutar y no lo encontró desagradable, además, le permitió preparar preguntas. El joven estaba extasiado, masajeando los hermosos y delgados pies que tanto había mirado en los últimos meses. De repente, deslizó brevemente sus dedos sobre las plantas de los pies tensos de Angelique que, sorprendida, soltó un pequeño grito y retiró el pie. Luego dijo en voz baja:

-Oh no, sin cosquillas por favor …

Hugo, ante este anuncio, no pudo evitar hacer una pregunta cuya respuesta era obvia:

-¿Siempre tienes tantas cosquillas bajo los pies?

Pensó en aquella tarde en la que la torturaron sin descanso durante varias horas, lo que la hizo sentirse aún más incómoda. Puso su pie sobre los muslos del joven y dijo:

-Sí…

Hugo comenzó de nuevo el masaje. Mientras se iba a descansar, Angelique lo intentó:

-Deberías encontrar una chica a la que pudieras hacerle cosquillas regularmente, de las que les gusta que les hagan cosquillas debajo de los pies, seguro que existe.

Sin dejar de concentrarse en sus pies, respondió:

-Estoy seguro de que existe. Pero es muy raro. En cualquier caso, todavía no he conocido a ninguno.
-Ah… ¿Y eres capaz de arreglártelas a pesar de todas las chicas que llevan zapatos ligeros en este momento?

Hugo giró entonces la cabeza hacia Angelique, y respondió con una sonrisa:

-Puedo hacerlo, sí. Pero a veces es difícil.
-Supongo que sí…

Pasaron unos segundos antes de que Hugo continuara:

-A veces casi quiero agarrar a una chica y hacerle cosquillas en los pies, estoy seguro de que podría ser divertido…

Angelique permaneció inerte pero abrió mucho los ojos hacia el cielo. Este anuncio, para ella, fue como una confesión. Pero todavía no podía decir en voz alta:

«¡Ah, estás acabado, alimaña! ¡Estás arrestado por secuestrar y torturar a un menor! »

Prefirió ver el tono que tomaría la conversación. Hugo seguía ocupado con sus pies descalzos. Continuó hablando:

-Solo, ¿te imaginas la reputación en la escuela si hiciera eso? Y no es mi estilo de todos modos. Lo disfrutaría mucho más si la chica en cuestión estuviera de acuerdo y le gustaran las cosquillas. Así es como lo veo yo al menos. »

Angelique volvió a dudar. Una vez más, nada era seguro. Pero no se podía negar que seguía siendo un sospechoso potencial, incluso el número uno. Pero mientras pensaba, sintió que una de las piernas de Hugo pasaba por encima de las suyas y le pellizcaba los tobillos. Hugo la miró con una sonrisa hasta las orejas, y dijo con una mirada divertida:

-Disculpe por adelantado, pero esto es realmente demasiado tentador… »

Entonces empezó a sujetar los dedos de ambos pies hacia atrás con una mano, y deslizó los cinco dedos de la otra hasta la base de los dedos de Angelique, que se sorprendió y se puso la mano delante de la boca para amortiguar su risa y que no se oyera. Sintió cómo cada dedo se deslizaba bajo los dedos de los pies, la zona más sensible, y empezó a revivir la horrible sensación que había sentido durante toda una tarde. El arañazo era insoportable para ella, él conocía sus puntos débiles, y sutilmente arañaba con sus uñas el centro de las plantas de Angelique, luego la base de los dedos de los pies, después la zona entre ellos, y el talón, que era un poco menos sensible, pero con cosquillas no obstante. Intentó retirar sus pies, pero el abrazo que llevaban las piernas del joven le impidió escapar. El calvario duró unos buenos cinco minutos, durante los cuales Angélica lloró de risa y dijo lo mejor que pudo:

«¡Para! ¡Para! Ahahahahahah, ¡no es mi pieeeeds! ¡Por favor! »

Hugo estaba disfrutando mucho haciéndole esto a la chica. Se detuvo y retiró la pierna, antes de decir con una sonrisa:

«Lo siento, no pude evitarlo…
Levantó las piernas de Angelique y se llevó los pies a la boca, y luego añadió:

-¿Puedo hacer un pequeño beso bajo cada pie?

Angelique, que quería seguir interrogándole, que se estaba recuperando de los guilis y que, sobre todo, no quería que empezara de nuevo, le contestó:

-Bien… pero no más besos, por favor…

Hugo dio un gran beso bajo cada pie. Y los liberó, concluyendo:

-En cualquier caso, no les quedan demasiadas marcas. »

Angelique miró la hora en su móvil: 13:45. Comenzó a ponerse las sandalias mientras decía:

«-Tengo que irme, ya es casi la hora de ir a matemáticas.
-Tengo que irme, es casi la hora de las matemáticas». Bueno, de todos modos, me alegro de que por fin volvamos a hablar.

Él le sonrió, ella le devolvió la sonrisa:

-Yo también… De todos modos, nos volveremos a ver. Hasta luego. »

Se levantó y se fue mientras se ponía la mochila. Cogió su teléfono móvil y escribió un mensaje de texto a Matthew:

«Tengo algunas noticias para ti. »

Hugo la vio alejarse, de nuevo, con los tacones saliéndose un poco de las sandalias a cada paso. Se levantó y se fue, feliz de volver a hablar con su amigo, pensó para sí mismo:

«Todavía tendré que preguntarle por qué me habla de nuevo …. »

Angelique sonreía mientras se dirigía a su habitación. Extrañamente, las cosquillas que acababa de sufrir no le molestaban, incluso le habían gustado bastante…

Continuará…

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