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Bibiana es la arquitecta de su propio mundo, un universo cálido que construye desde casa junto a su hija de 9 años y Tomás, su fiel Golden Retriever de 10 años. Con una apariencia que combina la disciplina y la dulzura – cuerpo delgado y tonificado por el gimnasio, cabellos rubios y ojos claros –, Bibiana ha redefinido su carrera tras la pandemia, trabajando de manera remota como freelance para poder estar siempre cerca de los suyos.

Pero su hogar es también un campo de juego donde el título profesional se mezcla con las risas. Bibiana se define, sin lugar a dudas, como «una mujer muy cosquillosa en todo lado». Esta vulnerabilidad juguetona se ha convertido en un lenguaje secreto entre ella y su pequeña hija, quien conoce a la perfección el mapa de sus puntos débiles.
Los momentos de descanso en la cama se transforman en ataques de cosquillas inesperados, donde su hija, aprovechando cualquier descuido, se lanza sobre sus piernas para atacar las plantas de sus pies, su punto más conocido. Sin embargo, la estrategia infantil no se detiene ahí: las axilas, las costillas y la cintura de Bibiana son otros de los blancos favoritos de su pequeña. Incluso Tomás, con sus patas o su frío hocico, se convierte a veces en un cómplice involuntario de estas sesiones de risas y cosquillas. Para Bibiana, esta sensibilidad no es una debilidad, sino el hilo conductor de los mejores recuerdos con su familia.
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