Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 1 segundos
¡Hola! Me llamo Olenka, soy de Rusia, pero hace algunos años decidí radicarme en Colombia. Desde pequeña, siempre sentí una gran atracción por Sudamérica y su cultura, así que cuando tuve la oportunidad de viajar para aprender español, no lo dudé ni un segundo. Al poco tiempo de estar aquí, me enamoré del país y decidí hacer de Colombia mi hogar. Ahora me siento como una colombiana más, disfrutando de su gastronomía, su gente y su maravillosa calidez.
Tengo 29 años, mido 1,79 metros, peso 58 kg y calzo talla 40. Soy profesional en cocina y tengo mi propio negocio de comidas. Amo cocinar y experimentar con sabores nuevos, algo que mi profesión me permite hacer a diario. Nada me hace más feliz que ver a las personas disfrutar de mis creaciones culinarias. Aunque la vida de un emprendedor es desafiante, me encanta lo que hago y cada día es una nueva aventura en mi cocina.
Sin embargo, hay algo en mí que es un poco inusual y que marca una gran diferencia en mi día a día: soy extremadamente cosquillosa. En ruso, la palabra para cosquillas es «Щекотка», y puedo decir con certeza que vivo con ese «problema» a diario. Tengo cosquillas en todos los rincones de mi cuerpo, pero mis pies son, sin duda, mi punto más débil. No soporto que me los toquen, ni siquiera para un masaje o un pedicure. Es un dilema porque, aunque me encantaría disfrutar de un buen masaje en los pies después de un día largo en la cocina, simplemente no puedo. Apenas alguien intenta tocarlos, estallo en carcajadas y me retuerzo sin poder controlarme.
La única excepción a esta regla son mis gatos. Tengo ocho gatos en casa, una auténtica manada de pequeños traviesos que han convertido mi apartamento en su reino personal. Les he acondicionado gimnasios y zonas de juego por todas partes, hasta el punto de que mis cosas son muy pocas en comparación con todo lo que tengo para ellos. Lo curioso es que a mis gatos les encanta «jugar» con mis pies. Si los tengo descubiertos, se lanzan sobre ellos, arañándolos, mordiéndolos y, a veces, lamiéndolos. Aunque sus mordidas y arañazos pueden doler, lo que realmente me vuelve loca son sus lengüetazos. Esas pequeñas lenguas rasposas en las plantas de mis pies me producen unas cosquillas terribles, pero también me hacen reír a carcajadas.
De hecho, a veces me gusta jugar con ellos de una manera muy particular. Me acuesto boca abajo en mi cama, sin cobijas ni nada, y muevo los pies para atraerlos. En cuanto ven el movimiento, se acercan corriendo y comienzan a lamerme las plantas de los pies. En ese momento, las cosquillas son tan intensas que no puedo evitar revolcarme de risa en la cama. Mis gatos, por supuesto, no entienden por qué me retuerzo tanto, pero para ellos es un juego muy divertido. Y aunque trato de aguantar, siempre termino cediendo y tapándome los pies para que me dejen respirar por un momento.
Aunque mi sensibilidad extrema a las cosquillas es un reto en ciertas situaciones, también es parte de lo que me hace única. Es algo que forma parte de mí, así como mi amor por la cocina y mi pasión por los gatos. Al final del día, mis traviesos felinos y yo hemos encontrado una forma divertida de convivir y, aunque a veces me «torturen» con sus juegos, no cambiaría por nada del mundo la felicidad que me traen.
Esa soy yo, Olenka, la chef rusa-colombiana amante de los gatos y con unos pies que son el objetivo favorito de mis adorables traviesos. ¡Y así seguirá siendo mientras ellos sigan en mi vida!
Olenka
Original de Tickling Stories
