Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 15 segundos
Hola, me llamo Nurys Helena. Tengo 52 años, mido aproximadamente 1,75 metros de estatura, tengo piel blanca, cabello negro y ojos café. Siempre he sido extremadamente cosquillosa, especialmente en las plantas de los pies. Desde que tengo uso de razón, he tenido una sensibilidad particular en mis pies. A la edad de 15 o 17 años, trabajaba como niñera de un vecino que tenía unos 7 años, y él disfrutaba haciéndome cosquillas en los pies, lo que era una tortura para mí, pero a él le encantaba.
Actualmente estoy viuda y tengo dos hijos mayores, cada uno viviendo con su pareja. Vivo sola en un apartamento en Boca Ratón, Florida, junto a mis dos perros french poodle, Motita y Goosie. A veces, cuando me siento relajada, dejo que mis perros laman mis pies, lo que me provoca muchas cosquillas.
Hace unos días, tuve una experiencia única que nunca había imaginado. Estaba en el estacionamiento de un centro comercial a las afueras de Miami, organizando mis compras, cuando un hombre se acercó a mí. Tenía una sonrisa amigable y una presencia calmada que me hizo sentir cómoda al instante.
—Disculpe, señora, ¿puedo hacerle unas preguntas? —me dijo.
Aunque la solicitud me tomó por sorpresa, asentí con curiosidad.
—Claro, ¿en qué puedo ayudarle?
—Sé que puede parecer extraño, pero estoy haciendo una investigación sobre fetiches de pies y cosquillas. ¿Le importaría responder algunas preguntas?
Me reí un poco, no porque fuera gracioso, sino porque no era algo que esperaba escuchar en un estacionamiento. Sin embargo, decidí que no había nada de malo en conversar un poco.
—No hay problema, adelante —respondí con naturalidad.
—Gracias. ¿Cuál es su talla de zapatos?
—Calzo talla 39.
—¿Y su estatura?
—Mido 1,75 metros.
—¿Cuántos años tiene, si no es indiscreción?
—Tengo 52 años.
El hombre, a quien decidí llamar «el señor T» en mi mente, tomó nota y luego hizo una pausa antes de continuar.
—¿Tiene cosquillas en su cuerpo?
Me reí de nuevo, recordando todas las veces que mis hijos y otros me habían hecho cosquillas.
—Sí, tengo cosquillas en todo mi cuerpo.
—¿Y en los pies?
—Sobre todo en las plantas y entre los dedos —dije, sintiendo una leve vergüenza, pero también una extraña emoción al admitirlo.
El señor T parecía satisfecho con mis respuestas.
—¿Le gustaría hacer una sesión de cosquillas? Le pagaría 300 dólares.
La oferta me tomó por sorpresa, pero al mismo tiempo, despertó mi curiosidad. Era una oportunidad para experimentar algo nuevo y, además, ganar un dinero extra.
—Está bien, acepto —dije, sonriendo.
Unos días después, me encontraba en el apartamento del señor T. Había preparado todo para la sesión, incluyendo una cama con correas para inmovilizarme. Aunque al principio estaba nerviosa, la curiosidad y la emoción superaron mis dudas.
—¿Lista? —preguntó el señor T mientras ajustaba las correas en mis muñecas y tobillos.
—Sí, creo que sí —respondí, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a correr por mi cuerpo.
El señor T comenzó suavemente, haciendo cosquillas en mis costados y axilas. Me retorcí y solté pequeñas risitas, pero cuando sus dedos alcanzaron las plantas de mis pies, la intensidad de las cosquillas aumentó exponencialmente.
—¡JAJAJAJA! ¡No, por favor! ¡Mis pies no! —grité entre carcajadas, tratando de liberarme.
El señor T sonrió y continuó, concentrándose en las plantas de mis pies y entre mis dedos, donde sabía que era más sensible.
—¡AAAAAHHHHHH! ¡No puedo más! —suplicé, sin poder controlar la risa.
El señor T, sin embargo, continuó por un rato más, disfrutando de la sesión. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad para mí, él se detuvo y comenzó a desatarme.
—¿Cómo te sientes? —preguntó, ayudándome a sentarme.
—Fue… increíble. No sabía que podía reírme tanto. Había olvidado lo hipercosquillosos que son mis pies —respondí, todavía recuperándome.
—Me alegra que lo hayas disfrutado. Siempre es bueno explorar nuevas experiencias.
Sonreí, pensando en lo inesperada pero emocionante que había sido la sesión. Sabía que definitivamente me gustaría repetirla en el futuro.
Nurys Helena
Original de Tickling Stories
