Modelo cosquilluda

Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 58 segundos

Hola, buenos días. Por acá estoy de vuelta nuevamente. Te cuento que no tengo idea de cómo se filtró que soy muy cosquilluda, sobre todo en mis pies. Ahora no hacen más que llamarme a supuestas pruebas y castings relacionados con las cosquillas.

Soy modelo profesional. Tengo piel blanca, cabello rubio, ojos azules, mido 1,75 metros de estatura, calzo talla 39, peso 56 kg, y mis medidas son 90-60-90. Trabajo en sesiones de fotografía, pasarela, protocolo, modelaje de zapatos, lencería, ropa, entre otros. Como casi siempre, cuando me estoy cambiando en las sesiones de fotografía y protocolo, estoy descalza, y mis pies quedan a la vista de todos.

Hace unos días fui contratada por un supuesto estudio donde me pidieron que estuviera en traje de baño en una sala, acostada en una camilla, para grabar una sesión de unos supuestos masajes. Cuando llegué, me pidieron que me recostara boca abajo, y en ese momento me dijeron que me iban a poner correas en las muñecas y los tobillos, supuestamente para que no me cayera. Como ya había firmado un consentimiento para todo lo que se hiciera en el video, terminé aceptando.

Todo parecía normal hasta que, de repente, una de las supuestas masajistas deslizó sus uñas por las plantas de mis pies. No pude evitar soltar una carcajada inmediata y, entre risas, les dije que tenía muchas cosquillas. Otra de las masajistas comentó: «Se nota que es muy cosquilluda».

Lo que comenzó como un masaje, se transformó en una sesión de cosquillas sin que yo lo supiera. Las tres «masajistas» comenzaron a hacerme cosquillas al mismo tiempo. Una se encargó de mi cuello, la parte superior de mi espalda, las costillas y las axilas. Otra atacó mi cintura, la parte baja de la espalda, mi trasero, los muslos y detrás de las rodillas. La última se enfocó en mis pantorrillas, las plantas de mis pies, los arcos y los dedos. Me sentía completamente atrapada. Lo peor fue cuando, en medio de la desesperación, sentí cuatro manos en mis pies. Ahí me di cuenta de que una cuarta mujer se había unido. Cuatro pares de manos, 40 dedos con uñas largas «bailando» en todos los rincones de mis pies. Fue un caos absoluto. No podía dejar de reír, gritar y suplicar, pero ellas no se detenían.

Entre risas y comentarios entre ellas, analizaban mi reacción, como si estuvieran estudiando cada movimiento de mi cuerpo. «Mira cómo mueve desesperadamente los pies, intentando huir de las cosquillas», dijo una. «Hay que llevarla al límite para ver cuánto soporta», agregó otra. Yo, en ese momento, solo podía reír y retorcerme en la camilla, atrapada y vulnerable.

La sesión duró una hora completa. Fue agotador, pero al finalizar me quitaron las correas y me preguntaron cómo me había sentido. Les confesé que nunca me habían hecho cosquillas tantas personas al mismo tiempo y menos estando atada. Les mencioné que mi punto más sensible eran los pies y ellas, entre risas, me dijeron que lo habían notado.

Después de vestirme y recibir mi pago, salí del estudio rumbo a mi apartamento, aún tratando de procesar lo que había vivido. No podía creer que me había prestado para semejante locura, pero algo dentro de mí despertó. Comencé a pensar en la posibilidad de ofrecerme como modelo de cosquillas, ya que al parecer hay un gran interés en ello. Quizás sesiones privadas, videos o eventos específicos… Quién sabe. Lo cierto es que ahora no puedo dejar de considerar esta nueva faceta en mi carrera.

Carolina

Original de Tickling Stories

About Author