Reunión de negocios

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Soy Liliana y nuevamente estoy por acá contando mi nueva experiencia.

Hoy tuve una experiencia que no puedo dejar de recordar. Todo comenzó cuando el chico de la feria, con quien ya había tenido una sesión de cosquillas, me escribió por WhatsApp para invitarme a otra sesión. Era temprano en la mañana, pero acepté, organizando mi tiempo para que después pudiera asistir a una reunión de negocios importante. Me vestí con mi atuendo ejecutivo: botas de cuero, un conjunto de dril en tono oscuro, un blazer, una camisa de manga larga y medias veladas. Me sentía elegante y lista para enfrentar el día.

Llegué a su casa en mi Twingo a las 7:00 am. Me recibió con una sonrisa y me preguntó por qué estaba tan arreglada. Le comenté que tenía una reunión con un proveedor después de la sesión. Sin más preámbulos, me pidió que me quitara el blazer y las botas, dejando a la vista mis pies enfundados en las medias veladas. Luego me indicó que me recostara en la camilla que ya tenía preparada en su sala.

Me acosté y él sujetó mis muñecas con correas a los extremos de la camilla, dejando mis piernas y pies libres. Pensé que la sesión sería similar a la anterior, pero me sorprendí cuando tomó ambos pies con un brazo, inmovilizándolos con firmeza, y comenzó a deslizar sus dedos por las plantas de mis pies, cubiertas por las medias veladas.

Nunca había sentido algo tan intenso. El tejido de las medias amplificaba cada caricia y movimiento de sus dedos. La hiperensibilidad en mis plantas me hizo estallar en carcajadas inmediatamente. Me revolcaba en la camilla, tratando de mover mis pies para escapar, pero era imposible. Me reía tanto que apenas podía respirar y las cosquillas parecían no tener fin.

Entre risas y gritos de desespero, escuché cómo él comentaba lo divertidas que eran mis reacciones y cuán hipercosquillosas eran las plantas de mis pies. En un momento, rasgó suavemente mis medias veladas, exponiendo mis pies descalzos. Pensé que las cosquillas no podían ser más intensas, pero me equivoqué. Sus dedos y uñas recorrieron cada rincón de mis plantas, desde los talones hasta la base de los dedos, sin darme tregua.

La sesión duró alrededor de una hora y media. Durante todo ese tiempo, mis carcajadas llenaron la sala. Por más que intentaba resistirme, era imposible. El chico parecía disfrutar cada momento, y debo confesar que, a pesar de lo intenso, yo también lo hice. Cuando finalmente se detuvo, me liberó las correas y me ayudó a incorporarme.

Al darme cuenta de que mis medias estaban rotas, saqué un par de calcetines de mi bolso y me los puse antes de colocarme nuevamente las botas. Mientras me despedía, él me preguntó si había disfrutado la sesión. Le respondí sinceramente que sí. No solo había sido una experiencia única, sino que también me había permitido desconectarme del estrés del trabajo.

Antes de irme, me preguntó si quería repetir la experiencia en el futuro. Sin dudarlo, le dije que sí. Subí a mi Twingo y conduje hacia mi reunión de negocios, con una sonrisa en el rostro y el recuerdo fresco de una mañana llena de risas y cosquillas en mis hipercosquilludas plantas. Ahora, desde mi apartamento, no puedo evitar pensar en cómo disfruto de esas sesiones y en cómo espero la próxima.

Liliana

Original de Tickling Stories

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