Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 13 segundos
Soy Emily, tengo 37 años, mido aproximadamente 1,58 metros, peso 52 kg y calzo talla 37. Mi piel es blanca y mis ojos son color miel. Desde siempre, he sido muy cosquillosa en todo mi cuerpo, pero mi punto más débil son las plantas de mis pies, especialmente en el arco. Las cosquillas en esa parte pueden hacerme perder la razón, llevándome al borde de la locura. Curiosamente, me encanta reír, aunque la desesperación que siento cuando me hacen cosquillas en los pies es inigualable. Esa mezcla de risa y desesperación es algo que siempre me ha fascinado.
Recientemente, recibí un mensaje a través de Telegram de un chico de 28 años que vive en Baltimore. Me ofreció 200 dólares por una sesión de dos horas de cosquillas, incluyendo las pausas necesarias. Lo que me llamó la atención fue que él tenía cuatro perros cocker spaniel y quería que ellos me hicieran cosquillas en los pies. Al principio, me pareció raro, pero la idea era tan intrigante que decidí aceptarlo.
Al llegar a su apartamento, llevaba jeans, tenis, una camiseta y una chaqueta. Los perros me recibieron con ladridos y movimientos juguetones, lo que me hizo sentir un poco más cómoda. El chico me explicó que la sesión consistiría en que me sentara en una silla, me amarraría los brazos al espaldar y me dejaría descalza, sin zapatos ni medias. La anticipación se acumulaba en mi pecho mientras él sujetaba mis piernas.
Comenzó a llamar a sus perros para que vinieran a olfatear mis pies y familiarizarse con ellos. Al principio, los perros solo olfateaban mis pies, pero pronto perdieron interés. Entonces, el chico tuvo una idea: empezó a mover mis pies de tal manera que los perros pudieran tocar con sus hocicos. Al principio, solo daban pequeños golpecitos, pero eso pronto se convirtió en algo más intenso. Cuando los perros empezaron a morderme los dedos, el chico ajustó mis pies para que los mordiscos cayeran exclusivamente en mis plantas.
No puedo describir la locura de risas que sentí. Cada mordisco en mis arcos me arrancaba carcajadas incontrolables. Intentaba mover mis pies, pero él los mantenía tan bien sujetos que los perros continuaron mordisqueándolos. La combinación de risas y desesperación era embriagadora. Después de un tiempo, cuando los perros dejaron de morder, comenzaron a lamer mis pies, lo que también me causaba cosquillas.
El chico aprovechó ese momento de tregua para hacerme cosquillas en las axilas, costillas, cintura, ombligo, caderas, cuello, muslos, rodillas y pantorrillas. ¡Era una verdadera locura! Estaba completamente atrapada entre las risas y los intentos de contenerme. Sus dedos hacían magia en mi piel, provocando carcajadas que resonaban en la habitación.
Luego, decidió regresar a la estrategia con los perros. Llamó a sus cocker spaniel de nuevo y repitió el proceso. Esta vez, los perros no solo mordían mis plantas, sino también mis talones y dedos. Yo gritaba y me reía a la vez, diciendo «¡Auch!» entre carcajadas mientras movía mis pies, pero ellos estaban empeñados en morderme sin piedad.
En un giro inesperado, el chico me hizo doblar las piernas hacia atrás y amarró mis pies en las patas traseras de la silla, asegurándose de que no pudiera quitarlos. Luego, me untó mantequilla de maní en los pies y llamó a los perros nuevamente. Cuatro cocker spaniel comenzaron a lamerme las plantas, y la locura se desató. Eran tantas las cosquillas extremas que las carcajadas se volvieron incontrolables.
Mientras los perros me hacían cosquillas, el chico decidió aumentar la intensidad y comenzó a hacerme cosquillas en mis muslos y rodillas, subiendo por mis caderas, cintura, ombligo, costillas, axilas y cuello. Era un torbellino de sensaciones, risas y súplicas, y esas dos horas se sintieron como un viaje a otro mundo, un mundo donde la risa y las cosquillas eran la única realidad.
Nunca olvidaré esa experiencia; fue algo nuevo y refrescante, y aunque al final estaba exhausta de tanto reír, el recuerdo de esas cosquillas y la desesperación placentera me dejó con ganas de más.
Emily
Original de Tickling Stories
