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Fase 2: El Éxtasis del Tormento
Las enmascaradas se prepararon para la siguiente fase con la precisión de un equipo quirúrgico. La líder, con una sonrisa que no llegaba a los ojos, sostuvo un dispositivo que parecía una mezcla entre un láser y una pluma gigante.
—Ahora, el verdadero arte —anunció, mientras las otras mujeres ajustaban las ataduras de Sofie y Camille para asegurar sus pies en ángulos más expuestos.
Para Camille:
Una de las enmascaradas colocó un guante especial con puntas de goma que vibraban al ritmo de una canción de cuna distorsionada. Comenzó por el talón izquierdo, aplicando presión intermitente que hacía que Camille se retorciera como un gusano en un anzuelo.
—¡Ah! ¡No puedo! ¡Es demasiado! —gritó, sintiendo cómo las vibraciones ascendían por sus piernas hasta hacerla temblar.
La segunda enmascarada usó un cepillo eléctrico con cerdas rotativas, pasándolo lentamente por el arco del pie derecho. Cada giro de las cerdas provocaba una carcajada que resonaba en la habitación.
—¡Paren! ¡Voy a explotar! —suplicó Camille, las lágrimas mezclándose con el sudor en su rostro.
Para Sofie:
La líder tomó el dispositivo láser-pluma y lo activó. La punta emitía una luz azul que, al rozar la piel, producía un cosquilleo eléctrico. Comenzó por el hueco entre los dedos de Sofie, trazando espirales que hacían que su cuerpo se arqueara en un espasmo incontrolable.
—¡No! ¡Ahí no! —gritó Sofie, sintiendo cómo las cosquillas ascendían por sus piernas hasta hacerla temblar.
Las enmascaradas alternaron herramientas:
- Pincel de pelo de camello: Para trazar espirales en el metatarso.
- Plumas de pavo real: Para rozar los bordes de los dedos.
- Rodillo de jade: Para aplicar presión fría en el talón.
—¡Es insoportable! —gritó Sofie, sintiendo cómo las cosquillas ascendían por sus piernas hasta hacerla temblar.
Ambas francesas estaban al borde del colapso. Camille, con los pies brillantes por la crema y las lágrimas corriendo por su rostro, intentó cerrar los dedos, pero las ataduras lo impedían. Sofie, por su parte, sentía cómo las vibraciones del guante resonaban en su cuerpo entero.
—¡No puedo más! —gritó Sofie, mientras las enmascaradas reían y aumentaban la intensidad.
Las enmascaradas no dieron tregua. La líder, con una sonrisa fría, se arrodilló frente a Camille y comenzó a usar sus uñas largas y afiladas para trazar líneas suaves pero precisas en la planta de su pie izquierdo. Cada movimiento era lento, calculado para maximizar la sensación.
—¡Ah! ¡No, por favor! ¡Arrêtez! —gritó Camille, retorciéndose en el cepo. Sus dedos se contraían involuntariamente, pero las ataduras impedían que cerrara los pies.
La segunda enmascarada se unió al ataque, usando sus dedos para hacer círculos rápidos en el talón derecho de Camille. La combinación de uñas y dedos ágiles hizo que las carcajadas de Camille se mezclaran con gritos de desesperación.
—¡C’est trop! ¡Je ne peux plus! (¡Es demasiado! ¡No puedo más!) —suplicó, las lágrimas corriendo por su rostro.
Mientras tanto, Sofie no estaba mejor. Otra enmascarada se concentró en sus pies, usando sus uñas para rascar suavemente el arco plantar. Cada movimiento ascendía desde el talón hasta los dedos, provocando que Sofie se retorciera como un gusano en un anzuelo.
—¡No! ¡Ahí no! ¡Por favor, paren! —gritó Sofie, sintiendo cómo las cosquillas ascendían por sus piernas hasta hacerla temblar.
La cuarta enmascarada se unió al ataque, usando sus dedos para pellizcar suavemente los bordes de los dedos de Sofie. La combinación de uñas y dedos ágiles hizo que las carcajadas de Sofie se mezclaran con gritos de desesperación.
—¡Je vais mourir! ¡C’est insupportable! (¡Me voy a morir! ¡Es insoportable!) —suplicó Sofie, las lágrimas mezclándose con el sudor en su rostro.
Las enmascaradas alternaban entre uñas y dedos, aumentando la intensidad con cada carcajada. La líder observaba con una sonrisa fría, tomando notas en una libreta.
—Aumenten la frecuencia. Quiero ver cómo se rompen —ordenó, señalando a las otras mujeres.
Las enmascaradas obedecieron. Una de ellas usó sus uñas para rascar suavemente el hueco entre los dedos de Camille, mientras la otra aplicaba presión con los dedos en el talón.
—¡Ah! ¡No puedo! ¡C’est trop! —gritó Camille, sintiendo cómo las cosquillas ascendían por sus piernas hasta hacerla temblar.
Para Sofie, usaron una combinación de uñas y dedos para trazar espirales en el metatarso y rozar los bordes de los dedos.
—¡Non! ¡Pas là! (¡No! ¡Ahí no!) —gritó Sofie, sintiendo cómo las cosquillas ascendían por sus piernas hasta hacerla temblar.
Las enmascaradas no se detuvieron. Una de ellas comenzó a usar sus uñas para rascar suavemente el hueco entre los dedos de Camille, mientras la otra aplicaba presión con los dedos en el talón.
—¡Ah! ¡No puedo! ¡C’est trop! —gritó Camille, sintiendo cómo las cosquillas ascendían por sus piernas hasta hacerla temblar.
Para Sofie, usaron una combinación de uñas y dedos para trazar espirales en el metatarso y rozar los bordes de los dedos.
—¡Non! ¡Pas là! (¡No! ¡Ahí no!) —gritó Sofie, sintiendo cómo las cosquillas ascendían por sus piernas hasta hacerla temblar.
Las enmascaradas alternaban entre uñas y dedos, aumentando la intensidad con cada carcajada. La líder observaba con una sonrisa fría, tomando notas en una libreta.
—Aumenten la frecuencia. Quiero ver cómo se rompen —ordenó, señalando a las otras mujeres.
Las enmascaradas obedecieron. Una de ellas usó sus uñas para rascar suavemente el hueco entre los dedos de Camille, mientras la otra aplicaba presión con los dedos en el talón.
—¡Ah! ¡No puedo! ¡C’est trop! —gritó Camille, sintiendo cómo las cosquillas ascendían por sus piernas hasta hacerla temblar.
Para Sofie, usaron una combinación de uñas y dedos para trazar espirales en el metatarso y rozar los bordes de los dedos.
—¡Non! ¡Pas là! (¡No! ¡Ahí no!) —gritó Sofie, sintiendo cómo las cosquillas ascendían por sus piernas hasta hacerla temblar.
Las plantas de Camille y Sofie, rojas y palpitantes, se convirtieron en lienzos de un tormento meticuloso. Las enmascaradas, expertas en explotar cada milímetro sensible, alternaban entre dedos ágiles y uñas afiladas, dibujando caminos de cosquillas que hacían retorcer a las francesas como marionetas rotas.
En Camille:
Una enmascarada clavó sus uñas en el arco del pie izquierdo, arrastrándolas lentamente hacia los dedos. Camille sacudió las piernas con fuerza, golpeando el cepo con tal violencia que el eco resonó en la habitación.
—¡Ah! ¡No, no, no! ¡Arrêtez, s’il vous plaît! —suplicó entre risas forzadas, los ojos desorbitados y el pelo pegado al rostro por el sudor.
La segunda enmascarada, sin piedad, usó los pulgares para presionar el hueco entre el tercer y cuarto dedo. Camille lanzó una carcajada aguda, seguida de un gemido ahogado.
—¡Je vais casser le cepo, je le jure! (¡Voy a romper el cepo, lo juro!) —gritó, arqueando la espalda mientras intentaba retorcer los tobillos atrapados.
En Sofie:
Dos mujeres trabajaban en sus pies. Una trazaba círculos rápidos en el talón con las yemas de los dedos, mientras la otra arañaba suavemente el borde externo de la planta. Sofie, con los músculos tensos como cuerdas de violín, pataleó frenéticamente, golpeando sin querer a una enmascarada en el hombro.
—¡Déjenme! ¡Dios mío, no puedo respirar! —rugió, mezclando español y francés en su desesperación—. ¡Je suffoque! (¡Me ahogo!)
Las enmascaradas rieron, disfrutando del espectáculo. La líder se inclinó hacia Sofie, sus uñas rozando el metatarso con precisión quirúrgica.
—Confiesa tu pecado de tener pies tan sensibles… y quizá pare —susurró, mientras su mano libre pellizcaba el dedo pequeño.
Sofie respondió con una carcajada que se transformó en un grito:
—¡Je n’ai rien fait! (¡No he hecho nada!) —pero las palabras se perdieron en otro espasmo de risa forzada.
Camille, en un intento desesperado por escapar, dobló las rodillas y tiró de las ataduras con fuerza bruta. El cepo crujió, pero no cedió. Su pie derecho, liberado por un instante del peso de las herramientas, se retorció en el aire como un animal acorralado.
—¡Lâchez-moi, salopes! (¡Suéltenme, perras!) —vociferó, pataleando hacia la enmascarada más cercana, quien esquivó el golpe con una risa burlona.
En el otro extremo, Sofie intentó cerrar los dedos para proteger la base de su planta, pero las ataduras mantenían sus pies extendidos como ofrendas. Una enmascarada aprovechó para clavar sus uñas justo bajo los dedos gordos, provocando una reacción en cadena:
—¡AH! ¡NON, NON, C’EST LÀ! (¡AH! ¡NO, NO, AHÍ!) —gritó Sofie, las lágrimas salpicando el suelo mientras su cuerpo se sacudía en un arrebato de cosquillas insoportables.
La habitación se llenó de un coro de risas histéricas, jadeos y súplicas. Camille, con el rostro enrojecido y la voz ronca, maldecía en francés entre carcajadas. Sofie, en cambio, alternaba entre reír y toser, incapaz de controlar los espasmos que le sacudían el pecho.
Las enmascaradas, impasibles, sincronizaron sus ataques:
- En Camille: Dedos serpenteando desde el talón hasta el hueco del arco, seguidos de pellizcos suaves en los bordes del pie.
- En Sofie: Uñas deslizándose entre los dedos mientras una mano cerrada raspaba el puente plantar.
—¡Je vomirai! ¡Je vomirai si vous ne vous arrêtez pas! (¡Vomitaré! ¡Vomitaré si no paran!) —advirtió Camille, sin convicción, sabiendo que las amenazas solo divertían más a sus captoras.
La líder, aburrida de la resistencia, tomó un frasco de aceite esencial de menta y lo vertió sobre las plantas de ambas. El líquido frío se escurrió entre los dedos, multiplicando la sensibilidad.
—¡NOO! —gritaron al unísono, sus voces quebrándose en un dúo de terror y risa.
Pero las enmascaradas ya habían comenzado de nuevo: dedos rápidos, uñas danzantes, cosquillas que no daban tregua. Y en medio del caos, una verdad era clara: ninguna de las francesas sabía cuánto más podrían soportar.
Las plantas de Camille y Sofie, ahora rojas como cerezas maduras, se convirtieron en el centro de un ritual sádico. Las enmascaradas, expertas en su macabro oficio, danzaban sus dedos y uñas sobre cada centímetro de piel sensible, convirtiendo el aire en una sinfonía de risas histéricas y súplicas rotas.
En Camille:
Una enmascarada se concentró en el arco de su pie izquierdo, clavando las uñas justo donde la piel era más delgada. Camille estalló en una carcajada aguda y prolongada, seguida de un grito ahogado mientras su cuerpo se sacudía contra las ataduras.
—¡AH-HAHAHA! ¡NON, C’EST TROP! ¡ARRÊTEZ, HAHA! —suplicó, las lágrimas salpicando el suelo mientras intentaba retorcer los tobillos.
La segunda enmascarada, sin piedad, deslizó sus dedos índice y medio desde el talón hasta el hueco entre los dedos. Camille lanzó una risotada estridente, arqueando la espalda hasta que las vértebras crujieron.
—¡JE VAIS CRAGUER! HAHAHA! ¡PAR PITIÉ! (¡Me voy a romper! ¡Por piedad!) —gritó, mientras las enmascaradas intercambiaban miradas cómplices y aumentaban la presión.
En Sofie:
Dos mujeres trabajaban en sincronía. Una trazaba círculos microscópicos en el centro de su planta derecha con la punta de una uña, mientras la otra usaba el pulgar para presionar rítmicamente la base del dedo gordo. Sofie reía con una voz quebrada, entrecortada por jadeos de pánico.
—¡NO-HAHA! ¡ESA ZONA NO! ¡POR FAVOR, HAHAHA! —rogaba, mezclando idiomas en su desesperación.
La líder, aburrida de la rutina, tomó un pincel fino y lo pasó por el borde externo del pie izquierdo de Sofie. La reacción fue instantánea:
—¡AH! ¡DIEU, NON! HAHAHA! (¡Dios, no!) —Sofie tiró de las ataduras con fuerza bruta, haciendo crujir la madera del cepo. Sus dedos se agitaban como alas de mariposa atrapadas—. ¡JE NE PEUX PAS RESPIRER! (¡No puedo respirar!)
Camille, en un intento por proteger sus pies, intentó cruzarlos, pero las ataduras lo impedían. Una enmascarada aprovechó para clavar sus uñas en el talón, mientras otra soplaba aire caliente entre sus dedos.
—¡HAHAHA! ¡C’EST DIABOLIQUE! (¡Es diabólico!) —reía Camille, sin poder contenerlo, mientras las lágrimas le inundaban las mejillas—. ¡JE VOMIRAIS, HAHA! (¡Vomitaré!)
Sofie, por su parte, recibió un ataque coordinado: una mujer arañaba suavemente el metatarso mientras otra pellizcaba el tendón de Aquiles.
—¡AH! ¡NON, PAS LE TALON! HAHAHA! —gritó Sofie, doblando las rodillas hacia el pecho en un intento inútil de escapar—. ¡ARRÊTEZ OU JE MEURS! (¡Paren o me muero!)
En un momento de lucidez entre carcajadas, Camille giró la cabeza hacia Sofie y la vio patalear como una niña en una piscina.
—¡SOF! HAHA! ¡DISTRAELAS CON TUS DIBUJOS! —bromeó histéricamente, sabiendo que ni siquiera el humor absurdo las salvaría.
—¡DESSINE-LEUR UNE CARTE! HAHAHA! (¡Dibújales un mapa!) —respondió Sofie entre lágrimas, antes de que una uña en su dedo meñique la hiciera chillar—. ¡AH! ¡CONNARDES! (¡Cabronas!)
La líder, impresionada por su resistencia, ordenó el uso de «técnica de doble onda»: mientras una enmascarada atacaba el talón con uñas, otra masajeaba el arco con las yemas de los dedos en movimientos circulares.
Camille y Sofie estallaron en risas simultáneas, tan fuertes que atrajeron la atención de los hombres de las cámaras, quienes se acercaron para capturar primeros planos de sus rostros congestionados.
—¡HAHAHA! ¡JE DÉTESTE ÇA! (¡Odio esto!) —gritó Camille, mientras su pie derecho se retorcía como un pez fuera del agua.
—¡ELLES SONT FOLLES! HAHAHA! (¡Están locas!) —aulló Sofie, sintiendo cómo las cosquillas ascendían hasta su estómago, provocando calambres.
Camille, usando el último resto de fuerza, golpeó el cepo contra el suelo una y otra vez, logrando astillar la madera. Una enmascarada retrocedió, sorprendida, pero otra la reemplazó rápidamente, clavando sus uñas en el empeine.
—¡¡AH!! ¡¡MERDE!! (¡Mierda!) —gritó Camille, la risa convertida en un quejido de agonía—. ¡C’EST COMME LE FEU! (¡Es como fuego!)
Sofie, al ver la desesperación de Camille, intentó patear a la mujer más cercana, pero solo logró rozarle el brazo.
—¡VOUS ÊTES DES MONSTRES! HAHAHA! (¡Son monstruos!) —rugió, antes de que otra ráfaga de cosquillas en el talón la hiciera callar con una carcajada.
Las plantas de Camille y Sofie, ahora enrojecidas y sudorosas, se convirtieron en campos de batalla. Las enmascaradas, lejos de detenerse, coordinaron sus ataques con precisión militar, explotando cada punto débil que descubrían entre carcajadas y gritos.
En Camille:
Una mujer se concentró en el espacio entre su dedo gordo y el segundo, clavando allí sus uñas y retorciéndolas como si desenredara un nudo invisible. Camille soltó una risa aguda, casi un chillido, mientras su cuerpo se sacudía hacia los lados como un péndulo fuera de control.
—¡HAHAHA! ¡ARRÊTEZ, C’EST UNE TORTURE! —suplicó, los ojos desorbitados mirando hacia Sofie como si pidiera ayuda—. ¡SOF! ¡ELLES VONT ME TUER! (¡Me van a matar!)
Pero Sofie no podía responder. Dos enmascaradas trabajaban en sus pies: una arañaba el arco con las uñas pintadas de negro, mientras la otra usaba los pulgares para presionar rítmicamente la base de cada dedo.
—¡NO-HAHA! ¡PARFAVOR, ¡BASTA! —gritó Sofie, mezclando español y francés en un balbuceo caótico—. ¡JE VAIS CRAGUER! (¡Me voy a romper!)
Ataques Coordinados:
La líder, observando el caos, dio una orden con un gesto. Las enmascaradas intercambiaron posiciones: la que torturaba a Camille se movió a Sofie, y viceversa. El cambio de técnicas fue inmediato:
- En Camille: Dedos rápidos como arañas recorriendo el talón, seguidos de pellizcos en el tendón de Aquiles.
- En Sofie: Uñas trazando líneas desde el metatarso hasta el dedo meñique, combinadas con palmaditas rápidas en el puente.
—¡AH! ¡NON, PAS COMME ÇA! —gritó Camille, arqueándose tanto que el cepo crujió bajo su peso—. ¡C’EST COMME… COMME… HAHAHA!
Sofie, por su parte, intentó retorcer las muñecas para liberar una mano, pero solo logró rasparse la piel contra el cuero. Una enmascarada aprovechó para soplar en su talón izquierdo, aún sensible por el aceite de menta.
—¡¡AHHH!! ¡¡DÉMONES, HAHAHA!! —rugió, las palabras ahogándose en otra carcajada—. ¡ARRÊTEZ OU JE… JE… HAHA!
Camille, sintiendo que perdía la cordura, usó sus talones para golpear el suelo repetidamente. El impacto resonó como un tambor de guerra, aturdiendo por segundos a la enmascarada más cercana.
—¡VOY A ROMPER ESTA MIERDA! —aulló en español, tirando de las ataduras con fuerza sobrehumana—. ¡SOFIE, AIDE-MOI! (¡Ayúdame!)
Sofie respondió pateando el aire hacia ninguna parte, sus pies libres solo en sus mentes. Una enmascarada le agarró el tobillo y clavó sus uñas en el centro de la planta, haciéndola gritar entre risas:
—¡¡AH! ¡DIEU, C’EST TROP! —las lágrimas le mojaban el cuello—. ¡JE SUIS DÉSOLÉE, CAMILLE! (¡Lo siento, Camille!)
Las francesas, en un último acto de complicidad, intentaron sincronizar sus movimientos: Camille golpeaba el cepo mientras Sofie gritaba insultos en francés para distraer a las torturadoras. Pero las enmascaradas, profesionales en su sádico arte, redoblaron esfuerzos:
- En Camille: Una mujer usó sus uñas para dibujar círculos concéntricos alrededor del talón, mientras otra soplaba entre los dedos.
- En Sofie: Dos pares de manos trabajaron en sus pies, una estirando los dedos hacia atrás y otra aplicando vibraciones con las yemas en el arco.
—¡HAHAHA! ¡JE VAIS FAIRE UNE CRISE! (¡Voy a tener un ataque!) —gritó Camille, la risa convertida en un sonido gutural—. ¡JE NE PEUX PAS… HAHA!
Sofie, al borde del colapso, intentó morderse el labio para contener las risas, pero una uña en el hueco del dedo gordo lo hizo imposible:
—¡¡AH! ¡¡C’EST IMPOSSIB
La líder, impaciente, tomó un frasco de alcohol y lo roció sobre las plantas de ambas. El líquido frío se evaporó al instante, dejando una sensación de hormigueo que multiplicó la sensibilidad.
Camille y Sofie gritaron al unísono, sus voces mezclándose en un coro de terror y cosquillas:
—¡¡NON!! ¡¡PAS ÇA!! —suplicó Camille, mientras las enmascaradas reiniciaban el ataque con dedos veloces.
—¡¡JE BRÛLE!! HAHAHA! (¡Me quemo!) —aulló Sofie, pataleando tan fuerte que una de las mujeres cayó al suelo.
Pero incluso eso no las salvó. Las enmascaradas, ahora enfurecidas, se abalanzaron sobre ellas con uñas y dedos en un torbellino de cosquillas que borró toda esperanza.
Los rostros de Camille y Sofie eran máscaras deformadas por la agonía y la risa forzada. Las lágrimas habían borrado el rímel de Camille, dejando manchas negras que se mezclaban con el rubor de sus mejillas. Sofie, por su parte, tenía los labios partidos de morderlos para contener las carcajadas, y su flequillo castaño se pegaba a la frente empapada de sudor.
Detalles de los Rostros:
- Camille: Su sonrisa era una mueca grotesca, los labios estirados hasta mostrar las encías, los dientes apretados en un intento fallido de contener las carcajadas.
- Sofie: Los párpados hinchados, la nariz goteando, y un hilo de saliva cayendo de su boca entreabierta por la risa incontrolable.
En Camille:
Una enmascarada se centró en el talón, clavando las uñas justo donde la piel se unía al tendón. Camille lanzó una risa estridente, seguida de un grito ahogado mientras su cuerpo se sacudía como un pez enganchado.
—¡HAHAHA! ¡ARRÊTEZ, JE SUIS EN TRAIN DE MOURIR! (¡Paren, estoy muriendo!) —vociferó, los ojos inyectados en sangre mirando al techo como si buscara a Dios en las vigas podridas.
La segunda mujer, sin piedad, usó los pulgares para presionar la base de sus dedos, uno por uno, como teclas de un piano siniestro. Cada presión provocaba un nuevo estallido de risa:
—¡AH! ¡AHÍ NO-HAHA! ¡ESO… ESO NO ES JUSTO! —gritó en español, sin darse cuenta del cambio de idioma.
En Sofie:
Dos enmascaradas trabajaban en sus pies como si fueran instrumentos de tortura renacentistas. Una tallaba el arco plantar con las uñas, dibujando líneas paralelas que hacían a Sofie contorsionarse en ángulos imposibles. La otra, arrodillada, soplaba aire caliente entre los dedos mientras sus uñas arañaban el metatarso.
—¡NON! ¡PAS… PAS LÀ! HAHAHA! —suplicó Sofie, las palabras convertidas en un mantra de desesperación—. ¡JE VAIS DEVENIR FOLLE! (¡Me volveré loca!)
Camille, usando la poca fuerza que le quedaba, intentó juntar los pies para proteger las plantas, pero las ataduras lo impedían. Una enmascarada aprovechó para clavar sus uñas en el centro de ambos arcos al mismo tiempo.
—¡¡AHHH!! ¡¡C’EST COMME DES AIGUILLES!! (¡Es como agujas!) —gritó, arqueando la espalda hasta que las vértebras crujieron.
Sofie, al ver la reacción de Camille, intentó patear al aire en un acto reflejo, pero solo logró que una enmascarada le inmovilizara el tobillo con más fuerza.
—¡VOUS ÊTES DES MALADES! (¡Están enfermas!) —rugió, antes de que una uña en el hueco del dedo gordo la hiciera reír con un sonido que ya no parecía humano—. ¡HAHAHA! ¡JE DÉTESTE ÇA!
Las enmascaradas sincronizaron sus ataques: una tras otra, clavaron uñas en los puntos más sensibles de ambas francesas. La habitación se llenó de un coro de risas agudas, jadeos y súplicas que ni siquiera las cámaras podían capturar en toda su crudeza.
—¡HAHA! ¡JE NE PEUX PLUS RESPIRER! (¡No puedo respirar!) —gimió Camille, la risa convirtiéndose en un silbido por la falta de aire—. ¡SOFIE… SOFIE, AIDE-MOI!
Pero Sofie ya no podía ayudar. Su cuerpo se sacudía en espasmos rítmicos, las carcajadas saliendo entrecortadas como si su garganta estuviera llena de vidrios rotos. Las enmascaradas, lejos de compadecerse, se turnaban para arañar y acariciar cada milímetro de sus plantas, convirtiendo el tormento en una danza macabra sin fin.
La líder, sin apartar los ojos de los pies temblorosos de Sofie, alzó una mano para llamar a uno de los hombres que operaban las cámaras.
—Verifique las estadísticas del streaming —ordenó con voz fría, como si pidiera el pronóstico del tiempo—. Asegúrese de que la resolución 4K capte cada lágrima.
El hombre, indiferente al sufrimiento frente a él, abrió una laptop con stickers de calaveras y conectó a un servidor encriptado. La pantalla brilló con gráficos de audiencia en tiempo real: «Espectadores activos: 1,283. Donaciones recibidas: ₿2.15».
—El chat pide que enfoquemos los dedos de la rubia —leyó en voz alta, señalando un comentario que decía «Más close-up de los juanetes, pagan extra».
La líder asintió, acariciando el talón de Camille con una uña mientras hablaba:
—Dígales que el paquete premium incluye elección de herramienta por 0.05 BTC. Y suban el precio si mencionan ‘Francia’.
Mientras el hombre tecleaba, Sofie alcanzó a ver su reflejo en la pantalla: rostro hinchado, pelo revuelto, pies expuestos como mercancía. Una ira primitiva la hizo forcejear, pero las ataduras solo se hundieron más en su carne.
—Vous… vous êtes des monstres! —escupió hacia la líder, quien respondió clavando un pincel de cerdas en su arco plantar.
La reacción fue instantánea:
—¡HAHAHA! ¡NON, PAS LE PINCEAU! —gritó Sofie, las carcajadas mezclándose con arcadas.
Camille, al oírla, intentó girar la cabeza, pero una mano le sujetó la mandíbula.
—¡Regarde la cámara, mademoiselle! Sus admiradores quieren ver cómo se rompe —susurró la líder, mientras otra enmascarada deslizaba una pluma entre sus dedos.
En la laptop, los comentarios fluían:
- «¿Las francesas lloran en inglés?»
- «Dono 0.01 BTC si la morena se orina.»
- «¡Que usen las uñas en los talones!»
La líder sonrió al ver el saldo subir.
—Prepárenlas para la fase de votación en vivo —ordenó, ajustando su máscara—. El público quiere elegir la próxima zona.
Y mientras las cámaras enfocaban los pies sudorosos de las francesas, una cuenta regresiva apareció en pantalla: «Próxima tortura en: 00:59…».
Las cuatro enmascaradas trabajaban en parejas, como cirujanas de un quirófano perverso. Dos se concentraron en Camille, dos en Sofie, sus uñas largas y afiladas danzando sobre las plantas de pies que ya no parecían humanos, sino territorios conquistados por el caos.
En Camille:
La primera mujer clavó sus uñas en el arco del pie izquierdo, arrastrándolas hacia los dedos con lentitud calculada. Camille soltó una carcajada estridente, seguida de un grito que se quebró en hipidos.
—¡HAHAHA! ¡C’EST COMME… COMME DES ARAÑAS! —logró balbucear, mientras la segunda enmascarada rascaba el talón derecho con movimientos circulares, como si tallara un código secreto en su piel.
—¡Más fuerte, rubia! ¡El chat quiere oírte gemir! —ordenó la líder, señalando la pantalla donde un espectador anónimo donaba ₿0.03 para verla «llorar de risa».
En Sofie:
Las otras dos mujeres se dividieron tareas: una atacó el metatarso con uñas que simulaban ser cinceles, mientras la otra deslizaba las puntas por los bordes del pie, deteniéndose milimétricamente antes de llegar a los dedos.
—¡NON! ¡ARRÊTEZ CE JEU! —suplicó Sofie, pero su protesta se transformó en una risa aguda cuando una uña se clavó en el centro del arco—. ¡AH! ¡DIEU, C’EST TROP! HAHAHA!
Camille, entre jadeos, logró girar la cabeza hacia Sofie. Sus ojos, rojos e hinchados, se encontraron en un momento de complicidad desesperada.
—¡SOF! ¡DIBUJA… HAHA! ¡DIBUJA ALGO PARA DISTRAERLAS! —gritó, usando el último vestigio de su humor habitual antes de que una uña en su dedo pequeño la hiciera chillar—. ¡¡AH!! ¡¡ELLE M’A EUE!!
Sofie, con lágrimas borrando su visión, intentó responder:
—¡DIBUJARÍA… HAHA! ¡UN CEPO ROMPIÉNDOSE! —pero una uña trazando espirales en su talón la silenció con otra carcajada.
En la pantalla, los comentarios se acumulaban:
- «Voten por el pie izquierdo de la rubia. 0.07 BTC.»
- «Que le hagan ‘piano’ en los dedos a la morena.»
- «Si cantan La Marsellesa, doblo la donación.»
La líder, complacida, eligió la opción más rentable.
—¡Piano en los dedos! ¡Y tú, rubia… canta! —ordenó, señalando a Camille mientras una enmascarada comenzaba a «tocar» los dedos de Sofie como si fueran teclas, presionando cada uno con precisión rítmica.
Sofie se retorció, sintiendo las cosquillas ascender por sus piernas como corriente eléctrica:
—¡¡NON! ¡¡ARRÊTEZ LES DOIGTS!! —gritó, las palabras ahogadas por risas que ya no sonaban humanas.
Camille, obligada a cantar entre lágrimas, tartamudeó las primeras notas de La Marsellesa:
—Allons enfants de la… HAHAHA! ¡PATRIE! —su voz se quebró cuando una enmascarada clavó dos uñas en el tendón de Aquiles—. ¡¡LE JOUR DE GLOIRE… HAHA! EST… EST ARRIVÉ!!
Las enmascaradas sincronizaron sus ataques:
- En Camille: Uñas serpenteando desde el talón hasta el hueco entre los dedos, combinadas con pellizcos en el empeine.
- En Sofie: «Interpretación» de Claro de Luna de Debussy usando sus dedos como piano, seguida de arañazos en el arco que imitaban un violín.
—¡¡C’EST DE LA FOLIE!! —rugió Camille, su acento francés distorsionado por la risa—. ¡¡JE VAIS PERDRE MAINTENANT!! (¡Voy a perder el control!)
Sofie, en respuesta, intentó patear el aire con tal fuerza que una enmascarada perdió el equilibrio. Pero antes de que pudiera celebrar, otra mujer le clavó las uñas en ambos talones simultáneamente.
—¡¡AHHH!! ¡¡ELLES M’ACHÈVENT!! (¡Me están rematando!) —aulló, la voz convertida en un graznido.
En un instante de claridad, Camille y Sofie cruzaron miradas. Sin palabras, supieron que su única esperanza era volverse impredecibles.
—¡MAINTENANT! (¡Ahora!) —gritó Camille, y ambas comenzaron a reír a propósito, exagerando sus espasmos para golpear las cámaras con los pies.
Pero las enmascaradas, profesionales del dolor ajeno, solo rieron y ajustaron las ataduras.
—*Bon intento, mes chéries —murmuró la líder, mientras el contador de donaciones seguía subiendo—. Pero aquí, las risas… son nuestras.
La líder observó el chat de la transmisión, donde los comentarios ahora exigían variedad: «¡Aburren con los pies! ¡Queremos verlas retorcerse enteraaaas! ₿0.1 BTC al primero que las haga orinar!». Sin perder tiempo, dio la orden:
—Cambio de planes. Zonas secundarias: cinturas, axilas… todo. Que sus risas llenen el servidor.
Las enmascaradas, entrenadas para la versatilidad, se redistribuyeron. Dos sujetaron a Camille y Sofie contra las sillas mientras las otras comenzaron el nuevo ritual.
Ataque Multizona:
- Axilas: Una mujer deslizó sus uñas desde las costillas hasta las axilas de Camille, deteniéndose para dibujar círculos en la piel húmeda.
—¡HAHAHA! ¡PAS LES AISSELES! —suplicó Camille, arqueándose hacia adelante, pero las ataduras la obligaron a exponer más la zona. - Cintura y Costillas: En Sofie, otra enmascarada usó ambas manos para «caminar» sus dedos desde las caderas hasta las costillas flotantes, alternando presión y cosquillas.
—¡NON! ¡¡JE DÉTESTE ÇA!! —gritó Sofie, contorsionándose en un intento inútil de cerrar los codos. - Muslos Internos: Las uñas ascendieron por las pantorrillas de Camille, deteniéndose justo debajo de los shorts deportivos que ahora parecían una burla.
—¡ARRÊTEZ! ¡C’EST… C’EST PRIVÉ! —protestó, las risas mezclándose con vergüenza genuina—. ¡SOFIE, AIDE-MOI! - Cuello y Orejas: La líder personalmente se encargó de Sofie, soplando en su nuca antes de clavar las uñas en los músculos trapecios.
—¡¡AHHH!! ¡¡C’EST DIABOLIQUE!! —la voz de Sofie se quebró en un gemido agudo—. ¡JE VAIS CRIER!
Camille se retorcía como si bailara una danza convulsiva: las piernas pateaban el aire, los brazos tiraban de las ataduras hasta sangrar, y su rostro, congestionado, alternaba entre risas y muecas de pánico.
Sofie, más contenida por las ataduras adicionales, se limitaba a arquear la espalda y sacudir la cabeza, sus gritos interrumpidos por hipidos causados por la hiperventilación.
En la pantalla, los comentarios explotaron:
- «¡Dono ₿0.5 por ver la axila derecha de la rubia en 8K!»
- «Que le hagan ‘spider tickle’ en las costillas a la morena.»
- «Si la rubia dice ‘merci’, triplico mi donación.»
La líder, convertida en directora de un infierno interactivo, señaló zonas específicas:
—¡Tú, enfócate en las rodillas! ¡Y tú, sopla en el ombligo!
Camille, al sentir dedos serpenteando hacia sus axilas, intentó un último recurso: morder el aire hacia la enmascarada más cercana. Pero la mujer solo rio y respondió clavando una uña en su punto más débil: el pliegue donde el muslo se une a la cadera.
—¡¡AHHH!! ¡¡JE VAIS FAIRE PIPI!! (¡Me voy a orinar!) —gritó Camille, las risas convertidas en un quejido de terror—. ¡ARRÊTEZ OU JE… JE…!
Sofie, al oírla, intentó patear, pero las ataduras en sus muslos lo impidieron. En cambio, recibió un ataque coordinado: una mujer en sus axilas, otra en las costillas, y la líder masajeando su cuello con las yemas de los dedos.
—¡¡JE SUIS UNE PERSONNE!! (¡Soy una persona!) —rugió Sofie, la dignidad siendo su último escudo antes de que las cosquillas la hicieran colapsar en una bola de espasmos—. ¡ARRÊTEZ AVANT QUE… HAHAHA!
Cuando las enmascaradas finalmente se detuvieron —no por piedad, sino para ajustar las cámaras—, el silencio fue más aterrador que las carcajadas. Camille jadeaba con los ojos cerrados, murmurando incoherencias en francés. Sofie, en cambio, tenía la mirada perdida en el techo, como si su mente hubiera escapado a algún rincón seguro de Montpellier.
La líder se inclinó hacia la cámara, sonriendo:
—Record de donaciones en 15 minutos. Prepárenlas para la ronda de preguntas del público… en vivo.
Y mientras el contador reiniciaba, ambas francesas supieron que su noche apenas comenzaba.
Continuará…
Original de Tickling Stories
