Castings

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Hace poco viví una serie de castings que me dejaron sin aliento, literalmente. Como modelo profesional, estoy acostumbrada a todo tipo de audiciones, pero estos castings fueron especialmente intensos… y cargados de cosquillas.

El primero fue para un producto para pies. Cuando llegué, me dijeron que el casting consistía en aplicarme crema y aceites en los pies, y que debía mantenerme relajada mientras la otra persona me untaba los productos. Pero claro, hay algo que ellos no sabían: ¡soy extremadamente cosquillosa en los pies! Desde el momento en que empezaron a untarme la crema, no podía parar de reír. Sentía cómo las cosquillas subían desde las plantas de mis pies hasta todo mi cuerpo, y aunque intentaba mantener la compostura, era prácticamente imposible. Las risas se me escapaban sin control, y mis pies no dejaban de moverse de un lado a otro. El equipo me tomaba fotos y grababa mis reacciones, y cada vez que lo intentaban de nuevo, yo reía aún más fuerte. Al final del casting, el director me miró con una sonrisa y me dijo: «Eres muy cosquillosa, ¿verdad? Quedamos en avisarte si continúas en el proceso.» Y aunque no sabía si eso era una buena señal o no, me fui con una sonrisa por la experiencia tan curiosa.

El segundo casting fue aún más inesperado. Esta vez, se trataba de un producto que, según me explicaron, debía aplicarse en los pies y luego dejar que un perro lo lamiera. Ya te imaginarás la mezcla explosiva: mis pies cosquillosos y un perro lamiéndolos. Apenas me untaron el producto y el perro comenzó a lamer mis plantas, no pude evitar gritar y reír a carcajadas. ¡Las cosquillas eran intensas! Cada vez que el perro pasaba su lengua por mis pies, me retorcía de risa y no podía evitar moverme. En un momento, me pidieron que levantara los pies para que el perro pudiera lamer directamente las plantas. ¡Ahí fue mucho peor! Era una tortura de cosquillas, y mis risas resonaban por todo el set. Después de unos minutos de puro caos de risas, el productor se acercó y me dijo: «Nosotros te llamamos». La verdad, no sabía si me llamaría, pero la experiencia fue inolvidable.

El tercer casting fue una sorpresa. Esta vez, no me dijeron cuál era el producto, pero el casting consistía en que varios niños me hicieran cosquillas en todo el cuerpo. ¡Sí, niños haciéndome cosquillas! Apenas comenzó la prueba, los niños se abalanzaron sobre mí y empezaron a hacerme cosquillas en las costillas, el abdomen, las piernas, ¡y por supuesto en los pies! Yo era un mar de risas, completamente indefensa ante tantas cosquillas. No podía dejar de reír y retorcerme, suplicando en medio de mis carcajadas que pararan, pero claro, era parte del casting, así que tuve que soportarlo todo el tiempo. Al final, me dijeron lo mismo de siempre: «Nosotros te llamamos». Aunque no supe qué esperar, salí del casting agotada de tanto reír.

Finalmente, el cuarto y último casting fue para un tema relacionado con bodypaint. Necesitaban hacer dibujos en mis pies, y desde el momento en que me explicaron lo que iban a hacer, ya sabía que iba a ser una prueba dura. Mis pies son tan sensibles que cualquier contacto, por más suave que sea, me provoca cosquillas, ¡y este casting fue pura locura! Apenas empezaron a dibujar en mis plantas, no podía parar de reír. Las cosquillas eran insoportables, y mis pies se movían tanto que tuvieron que pedirme que me quedara quieta, pero no podía. Al final, tuvieron que agarrarme los pies por los tobillos, mientras entre varios sostenían mis dedos para mantener las plantas estiradas. Me sentía atrapada mientras seguían haciendo los dibujos, y mis carcajadas resonaban por toda la sala. La prueba duró unos 10 minutos, pero me parecieron eternos. Cuando terminó, estaba completamente agotada de tanto reír, pero al menos, ¡esta vez sí me citaron para el trabajo!

Carolina

Original de Tickling Stories

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